Extremismo sobre la inmigración: otra estrategia del nuevo libro de tácticas de los republicanos

Por Marshall Fitz

El partido republicano ha justificado su reciente precipitación hacia la derecha por varias razones, incluyendo la inmigración, en nombre de restaurar el significado original de la Constitución y preservar el imperio de la ley. Sus políticas más extremistas frecuentemente se basan en el marco del imperio de la ley o están llenas de vagas referencias a la voluntad del pueblo. Sin embargo, sus re-figuraciones retorcidas malinterpretan la constitución y no para el beneficio del país.

Tomemos el ejemplo más llamativo, la reforma de salud: los conservadores no se limitaron a atacarla por motivos de política – ellos fallidamente la asaltaron como una toma de poder ilegitimo e ilegal. Y el ocultar posiciones extremistas bajo la tapadera del “imperio de la ley” se ha convertido en una táctica estándar por los republicanos en el ruedo de inmigración. En los últimos años, hemos vistos a los restriccionistas en el Congreso llamar por una interpretación radical de la garantía de la 14ª enmienda de la ciudadanía para todos los nacidos aquí. También hemos visto a los legisladores y gobernadores republicanos – por la mayor parte en el Sur – argumentar que los estados tengan el derecho de reglamentar y hacer cumplir su propia política de inmigración. La Corte Suprema ahora está considerando estas demandas.

Pero el rechazo de las construcciones legales bien-establecidas en favor de posturas extremistas también se han replicado en la arena política. Donde antes el sentido común producía recomendaciones de política bi-partidistas del centro, ahora el desprecio para el pragmatismo produce propuestas extremas que se defienden bajo la idea del imperio de la ley.

En ninguna parte ha sido esto más evidente que en las actuales recomendaciones de republicanos para abordar el tema de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en los Estados Unidos. Tan recientemente como el 2006, 23 senadores republicanos – en un Senado controlado por los republicanos – votaron con 38 demócratas para restaurar la legalidad al requerir que los trabajadores indocumentados se registren, paguen multas, aprendan ingles, y que se coloquen al final de la fila para ganar el privilegio de la ciudadanía. ¿Por qué? porque nadie creía en aquel momento, como nadie verdaderamente cree ahora, como cuestión práctica, que deberíamos o que podríamos adoptar políticas de expulsión masiva para que los millones de inmigrantes indocumentados y sus millones de esposos e hijos de ciudadanía estadounidense se fueran del país.

Es decir, nadie seriamente lo creía hasta que el presunto candidato presidencial republicano Mitt Romney anunció su plataforma de política inmigratoria extremista de “auto-deportación”. Su idea, también conocida en círculos restriccionistas como desgaste a través de la aplicación de la ley, adopta el mismo concepto de expulsión masiva que el Senado republicano rechazó hace seis años. Se imagina un conjunto de políticas que les harían la vida tan miserable a los inmigrantes indocumentados y sus familias que causarían que hagan sus maletas y se marchen del país.

Romney y sus representantes defienden estas propuestas como algo necesario para restaurar el imperio de la ley. Pero los estados y los municipios que han tratado de adoptar medidas de aplicación parecidas indican que lo opuesto es la verdad. Estas políticas no hacen que se vayan los inmigrantes indocumentados del país – casi dos tercios de los cuales han vivido en los Estados Unidos por más de una década. En cambio, esas políticas empujan a la gente a la clandestinidad o a lugares más acogedores. La experiencia muestra que al empujar a la gente más afuera del sistema, la estrategia de Romney en realidad profundizaría la disfunción sistemática y perpetuaría la ilegalidad que los republicanos dicen que odian.

La otra justificación que frecuentemente ofrecen para este cambio por parte de los republicanos hacia el extremismo en cuanto a la inmigración es que el público lo exige. Pero cualquier persona que ha causalmente estudiado los datos de los sondeos sabe que nada puede estar más lejos de la verdad. Desde hace años, los estadounidenses de todos colores políticos constantemente han apoyado una solución racional que incluya tanto la seguridad fronteriza como un camino difícil pero práctico de conseguir el estatus legal para los indocumentados.

Los políticos republicanos sin embargo afirman que esa estrategia equilibrada, que goza del abrumador apoyo del público, incluyendo respaldo mayoritario entre los votantes auto-identificados republicanos, no se aprobaría. ¿Por qué no? La razón es que no se puede obtener los votos que necesitarían para ser aprobado, nos dicen. Pero, ¿por qué no puede obtener los votos para ser aprobado? Porque los políticos republicanos no votarán por él. ¿Notan la circularidad del argumento?

De hecho, esta es exactamente la lógica circular que el senador Marco Rubio (R-FL) quiere que aceptemos como argumento para cerrarle la puerta a la ciudadanía para los jóvenes del Acta DREAM. El senador Rubio anunció sus planes para presentar un proyecto de ley parecido en muchos aspectos al Acta DREAM: les proporcionaría estatus legal a los inmigrantes indocumentados quienes fueron traídos aquí a corta edad, se graduaron de la escuela secundaria, demostraron buen carácter moral, y asistieron a una universidad o entraron en las fuerza armadas. Pero aquí está el problema: no proporcionaría, como la iteración actual del Acta DREAM, un camino para ganar la residencia permanente a la ciudadanía.

El senador de la Florida defiende esta limitación como algo necesario para evitar la amnistía, la principal etiqueta que aplican los republicanos a cualquier política que ellos llaman anti-imperio de la ley. (Curiosamente, las amnistías fiscales para los super-ricos en los últimos años no han generado el mismo nivel de quejarías entre los funcionaros electos republicanos.) Pero el argumento de la amnistía que salen al aire cada vez que sea conveniente simplemente oculta la realidad que el partido está paralizado por una inclinación a la extrema derecha. La verdad es que incluso la versión reducida del Acta DREAM no obtendrá el apoyo republicano de los republicanos de la Cámara que se necesita para seguir adelante.

Es seguro que el senador Rubio merece aplauso por expresar públicamente un deseo de encontrar un camino hacia adelante en materia de inmigración por lo menos a través de los niños “sin culpa”. Claramente entiende y ha articulado elocuentemente que destructivo ha sido la postura de su partido sobre la inmigración en sus esfuerzos para ganarse a los votantes hispanos. Hasta Romney ha reconocido recientemente a sus donantes la profundidad de este problema y su esperanza de que un Acta DREAM republicano alternativo (presumiblemente el del senador Rubio) ayudará a rehabilitar la imagen del partido.

No obstante, al justificar esta propuesta sin “DREAM” como necesaria para evitar la “amnistía”, el senador Rubio simplemente sigue el libro de estrategias actual de los republicanos. Él les da el poder en lugar de marginar a los extremistas en su partido al regurgitar esta idea del imperio de la ley y dar legitimidad a su postura. Quizás eso es lo único que puede hacer dado el rápido movimiento del partido republicano hacia el margen de la sociedad. .

Usando el argumento del imperio de la ley como arma política en vez de tratar de restaurar la legitimidad daña a nuestra democracia. Este un gran precio para pagar en la defensa del extremismo.

Marshall Fitz es el director de la política inmigratoria en American Progress.


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