Los tres tronos

La epístola a los hebreos va dirigida a creyentes salidos del judaísmo. Una vez convertidos al cristianismo, tuvieron que soportar la oposición e incluso la persecución, ya que algunos fueron despojados de sus bienes (10:34).

Para que no se desanimasen (12:3), el autor de la carta los invita a acercarse al trono de la gracia (4:16). Sí, lo que verdaderamente necesitamos es la gracia de Dios. Nos acercamos por medio de la oración y recibimos el socorro en el momento oportuno.

El capítulo 5 del Apocalipsis nos presenta una escena futura. Estaremos ante otro trono, un trono de gloria establecido en el cielo y ocupado por el Cordero de Dios, Jesucristo, Aquel que fue rechazado por el mundo pero a quien Dios dio la gloria.

Los ancianos, quienes representan a los que creyeron, se postran ante él, lo adoran y cantan un cántico nuevo en honor a Aquel que los salvó (v. 6-9).

Apocalipsis 20:11 nos muestra el gran trono blanco, que es un trono de juicio. El que está sentado es Aquel a quien Dios dio todo el juicio: su Hijo (Juan 5:22).

Todos los muertos que están ahí son juzgados por una justicia divina que no puede tolerar el más mínimo mal. La única forma de escapar de ese juicio y del infierno es ser purificado por la sangre de Jesús. ¡Ahora es tiempo para creer en Jesús!


Roca Fuerte en su nueva sede

La Iglesia Cristiana Roca Fuerte que antes estaba sobre la Peachtree Industrial Bld, en Norcross, acaba de trasladarse a su nueva sede ubicada sobre toda la Roswell Road, en los alrededores de Sandy Spring, “Un lugar que vamos a conquistar para El Señor”, dijo el pastor evangelista Luis Parra, responsable de esa congregación.

En la nueva sede se cuenta con 3 mil pies cuadrados adicionales a la sede anterior, espacios más amplios para el ministerio juvenil y de niños, además de un amplio y cómodo parqueadero, que permite la ubicación de muchos más vehículos al mismo tiempo.

“Aquí los esperamos a todos, este un lugar para adorar y alabar y todos son bienvenidos”, advirtió el pastor Parra.

La nueva dirección es: 8610 Roswell Road, Atlanta GA, 30350, teléfono: (770) 256-1554.

Pastor Luis Parra


La que Ardía era su Casa

Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. (Salmo 127:1)

¿No habéis pecado vosotros contra el Señor vuestro Dios? (2 Crónicas 28:10)

En la columna de sucesos de un periódico aparece la siguiente noticia: En una pequeña ciudad inglesa la sirena anunció un incendio. Tom P., carnicero de profesión y bombero voluntario, corrió al cuartel, se puso la chaqueta de cuero, el casco y subió al primer coche que se dirigía al lugar del siniestro.

¡Qué sorpresa se llevó cuando vio que el vehículo en el que iba se detuvo delante de su propia casa, la cual poco antes había dejado y cuyo primer piso ahora estaba ardiendo!

Contamos esta pequeña historia porque nos parece que ilustra el comportamiento de muchas personas? y que también podría ser el suyo.

Quizás usted sea muy activo en su entorno social o religioso; tal vez siempre esté dispuesto a ayudar a la gente, a echar una mano cuando se le pide? pero, además de todo ello, ¿Está seguro de que su casa, su propia vida, no corre peligro?

¿Es consciente de que si no tiene una relación personal con Dios ni cree en Jesucristo, el único Salvador, está amenazado por el desastre más terrible que pueda existir, es decir, el juicio de Dios?

La sirena de alarma suena: ¡Huya de ?la ira venidera?! (Lucas 3:7). Sólo el que está en paz con Dios, entonces puede ocuparse del verdadero bien de los demás.


En sus manos

Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos,
sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
1 Juan 5:14-15.

Cierto día, debido a una reunión de trabajo, tuve que ir a un laboratorio situado en la región parisina. Llegué al lugar de la cita media hora antes, y de repente se me ocurrió: «¿Por qué no vas a saludar a Audrey?».

Audrey, una jovencita cuya familia era creyente, acababa de empezar su primer trabajo en ese laboratorio, en donde yo mismo había trabajado en otra época. Pregunté por ella y, cuando llegué a su oficina, llamé a la puerta y abrí? Audrey se acercó a mí maravillada.

Después de saludarme, me dijo: «Tengo un grave problema en el trabajo y no sé a quién contárselo. Esta mañana le pedí al Señor que me enviase a alguien para que me ayudara». Entonces analizamos juntos la situación y pude darle algunos consejos.

Esa media hora pasó volando y pronto tuve que irme a la reunión. Nos despedimos de forma muy rápida, ambos agradecidos al Señor.

Él escucha la oración y responde de manera maravillosa; fortalece nuestra débil fe por medio de «coincidencias» significativas, pues todo está en sus manos. Nos sentimos muy felices al recibir una respuesta a nuestra oración o cuando descubrimos que, inconscientemente, estuvimos en las manos de Dios para socorrer a uno de los suyos. Qué gozo haber experimentado su presencia, sus sorprendentes respuestas y su aprobación.


Jesucristo

Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret? éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo. Hechos 10:38-39

Se han dicho muchas cosas de Jesús, e incluso se ha discutido su existencia hasta el punto de considerarla, a veces, como un mito. Esto significa que no se hizo caso de los testimonios históricos sobre Jesús, ni lo que han experimentado numerosos creyentes hasta hoy.

Por medio de los evangelios la Biblia presenta un cuádruple testimonio de Su vida en la tierra. También nos habla de la propensión al mal que reside en el corazón del hombre, y que lo excluye de la presencia de Dios.

Debido a su naturaleza pervertida, el hombre está destituido para siempre ?de la gloria de Dios? (Romanos 3:23). Pero ahí interviene Jesús, sustituyéndonos para recibir en nuestro lugar el castigo de Dios debido a nuestras faltas.

Murió por nosotros, pero también resucitó y está vivo. Su obra salva aún hoy a todos los que ponen su confianza en él, y les da una nueva dignidad, la que nos permite entrar en la presencia de Dios como sus hijos.

El versículo de hoy presenta a Jesús como aquel que se acercaba a quienes se encontraban mal, para curarlos. Él es el médico divino que libera y salva, pero para ello es necesario reconocer nuestra indignidad y la necesidad de ser perdonado.

Hay enfermos que no quieren cuidarse, incluso si su vida corre peligro. ¡No haga como ellos! ¡Contemple a Jesús en los evangelios y pídale que haga con usted lo que ya hizo por tantas personas!


¿Qué hacemos de nuestra vida?

Un padre preguntó a su pequeño hijo: Pablo, ¿Qué te gustaría recibir el día de tu cumpleaños? Un caballo, respondió rápidamente el niño. ¿Un caballo de peluche? No. ¿De madera? No. ¿De plástico? No. ¿Entonces de qué? De caballo.

Y si alguien me preguntase a mí qué deseo para mi vida, ¿Qué respondería? Quiero una vida que tenga sentido, plena, interesante.

Pero, ¿Qué es una vida que tenga sentido? ¿Una vida llena de riquezas materiales o marcada por el éxito profesional? No. ¿Una vida llena de placeres? No. ¿Entonces qué? Una vida que valga la pena ser vivida.

Jesús dijo algo muy extraño: ?El que quiera salvar su vida, la perderá? (Marcos 8:35). El que se aferra con todas sus fuerzas a su vida, quien quiere disfrutarla lo máximo posible, vivirla como quiera, entonces la perderá.

En cambio, el que pone su vida en las manos de Jesús, la recobra nueva y aumentada, porque tiene un encuentro con el Hijo de Dios, quien da la vida y cuida de ella. Entonces cada día de la semana, del domingo al sábado, todo su existir estará animado por la vida de Cristo, y así se vuelve fructífero, lo cual no significa que sea una vida fácil, sin pruebas, sino que lleva fruto.

El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza? (Gálatas 5:22-23).

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¡No permanezca en el umbral!

Dijo luego Dios a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca.
Dios le cerró la puerta. Y fue el diluvio cuarenta días.
Génesis 7:1;16-17.

(Jesús dijo) Yo soy la puerta;
el que por mí entrare, será salvo.
Juan 10:9.

Imaginemos un poco el desafío que fue para Noé construir el arca, una especie de paquebote de 140 metros de largo, con los medios de la época, unos 2.500 años antes de Jesucristo.

¿Por qué Noé se lanzó en esa tarea colosal, aparentemente absurda para sus contemporáneos, quienes muy probablemente no le ahorraron las burlas y el desprecio? Porque Dios se lo había ordenado, Noé creyó a Dios y le obedeció.

Y Dios hizo lo que había anunciado. Cuando Noé y su familia entraron en el arca, Dios mismo cerró la puerta. Entonces un diluvio azotó la tierra durante 40 días, destruyendo todo lo que tenía vida. Sólo fueron salvos los que se hallaban en el arca.

Este suceso bíblico evoca la salvación por la fe en Jesucristo. Hoy la salvación del alma es ofrecida a todos. Quizás usted vacile ante el umbral de esta puerta, casi decidido a dar el paso, a confiar en él, pero aún desea reflexionar un poco.

«No hay afán», piensa usted. Y claro, no es fácil afrontar la incomprensión o las burlas del entorno. Entonces dice: «Quizá mañana» Pero ¡Cuidado! Permanecer en el umbral es estar muy cerca, ¡Pero todavía afuera! Fuera de la gracia de Dios, de ese Dios que aún tiene paciencia, pues quiere que todos los hombres sean salvos.

Pero llegará el día en que se acabará el tiempo de la gracia y entonces será demasiado tarde para aquellos que no hayan dado el paso decisivo de la fe en Cristo.


¿Toma tiempo Dios para escuchar nuestras oraciones?

Cuando golpeó la cama con fuerza, Sonia expresó la contundencia de su frustración: llevaba dos años clamando por su esposo para que cambiara. Alejandro ya no era el mismo hombre atento de antes. Del galán que conoció y del que se enamoró perdidamente, no quedaba nada.

-Dios mío, ¿es que acaso no me escuchas? Por favor, óyeme. Mira mi desespero–, clamó.

Cada vez la situación se tornaba más insostenible. Además de llegar muy tarde a casa, generalmente con carpetas atestadas de documentos para seguir trabajando hasta bien entrada la madrugada, su cónyuge dedicaba gran parte del fin de semana a beber cerveza y jugar billar con los amigos.

-Mira que si buscas a Dios, las cosas cambiarán—le dijo Raquel, una de las hermanas en la fe y la amiga más cercana.

En cierta ocasión, mientras leía la Biblia, encontró un versículo que llamó poderosamente su atención: “¿Acaso Dios pervierte la justicia? ¿Acaso tuerce el derecho el Todopoderoso?”(Job 8:3, Nueva Versión Internacional).

Comprendió entonces que el Señor no la estaba “castigando”, como llegó a pensarlo en muchas ocasiones.

-Debes perseverar—le recomendó su pastor. Aunque no quería aceptarlo, razonó que no había otra salida. Dios escuchaba sin duda sus oraciones, porque Él no puede negar su naturaleza de Padre amoroso, que tiene cuidado de Sus hijos; no obstante, también lo entendió, debía perseverar hasta que se produjera la respuesta en el tiempo y a la manera de Dios.

Pastor, Fernando Alexis.


Gotas de Gracia

Por: Héctor Guzmán

La celebración Navideña llegó a su término después de un buen tiempo de reflexión personal a cerca del significado del Nacimiento de Jesús hace más de 2000 años y es mi deseo que hoy se encuentre más cerca de Jesús y más cerca de experimentar la Gracia que él nos vino a dar de manera incondicional y superabundante.

Ahora que es inicio de año, quiero proponerle un buen propósito para este nuevo comienzo que seguramente estará lleno de grandes oportunidades, el nuevo propósito es que una vez que hemos podido comprender mejor el significado de vivir por Gracia y no por las obras, podamos aplicar esa Gracia en todas y cada una de nuestras relaciones personales.

La Gracia no es sólo para ser recibida por nosotros, sino que, en cierto sentido, es también para todos. Digo, “en cierto sentido” porque nuestra relación con las demás personas es diferente a la relación de Dios con nosotros.

Él es infinitamente superior Juez y Gobernador moral del Universo. Todos nosotros somos pecadores y estamos en el mismo plano unos y otros. Por lo tanto, no podemos ejercer la Gracia como la ejerce Dios, pero podemos relacionarnos entre nosotros como quienes han recibido Gracia y desean obrar con los principios de la Gracia.

Y es que en realidad, no experimentaremos esta paz con Dios ni el gozo de Él si no estamos dispuestos a conceder esta Gracia a los demás. Éste es el meollo de la parábola de Jesús en cuanto al siervo sin misericordia que aparece en Mateo 18:23-23.

El Señor narró la historia de un hombre al que le había sido perdonada una deuda de diez mil talentos (varios millones de dólares), pero que no estuvo dispuesto a perdonar a su consiervo que le debía apenas cien denarios (unos pocos dólares).

La verdad no expresada en la parábola es, desde luego, que nuestra deuda de pecado para con Dios es de “millones de dólares”, mientras que la deuda de los demás para con nosotros es, en comparación, de apenas unos cuantos dólares.

La persona que viva por Gracia ve este enorme contraste entre sus pecados contra Dios y las ofensas de los demás contra ella. Perdona a los demás porque ella misma ha sido misericordiosamente perdonada, y se da cuenta de que, al recibir el perdón de Dios por medio de Jesucristo, ha perdido el derecho a ofenderse cuando los demás le hacen algún daño.

Práctica la amonestación de Pablo, en Efesios 4:32: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”

Ese es el propósito que le tengo para su lista de deseos de este 2012. Que este año podamos seguir experimentando la superabundante Gracia de Dios y como siempre le invito, a que me escriba un correo electrónico con sus comentarios a hector@crosspointsmyrna.org

Si desea saber más sobre estos temas y busca una Iglesia donde aprender a vivir por la Gracia, lo invito a que asista con nosotros a Crosspoint Encuentro Church, una Iglesia con dos Congregaciones, todos los Domingos a las 10:00 AM en Inglés y 12:30 PM en Español, teléfono 770-383-1292 y 770-333-1775.

Si así lo desea también puede seguirnos en Facebook, facebook.com/crosspointencuentrochurch


¿Estabas ahí cuando crucificaron a mi Señor?

Este es el título de un himno del repertorio de cantos «espirituales negros». Todavía hoy interpela a cada auditor y subraya el horror del crimen cometido contra Jesucristo, el único hombre justo y santo (Hechos 3:14). Él, quien a cada paso manifestaba el amor de Dios, fue crucificado por los hombres.

¿Qué habríamos hecho si hubiésemos vivido en ese momento? Quizá pensemos que hubiésemos estado a favor de Cristo, pero la Palabra nos muestra que incluso sus discípulos huyeron (Marcos 14:50).

Pedro, quien había asegurado estar dispuesto a ir con Jesús hasta la muerte, lo negó tres veces (Lucas 22:33). Todas las clases sociales de entonces fueron responsables: Judas, por codicia, lo entregó a los sacerdotes (Mateo 26:14-16); y éstos, por envidia, lo entregaron a Pilato (27:18); la multitud gritó: ¡Sea crucificado!

Pilato, como tenía miedo, lo entregó a los soldados romanos para que fuese crucificado, pero Jesús dijo: ¿Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen? (Lucas 23:34).

Dejemos que esta escena toque nuestro corazón para que reconozcamos nuestro pecado. Seamos conscientes de que aparte de los sufrimientos infligidos por los hombres, Cristo soportó el peso de la ira de Dios contra nuestros pecados, y aceptemos su inmenso perdón.