Trump (etazos)

Jorge RamosDonald Trump ya ganó. Ya es el número uno. Se ha convertido, rápidamente, en el hombre más odiado para muchos mexicanos y latinos en Estados Unidos.

Trump desbancó de ese deshonroso lugar al sheriff de Arizona, Joe Arpaio -acusado por el gobierno federal de arrestar inmigrantes solo por su aspecto físico- y a la escritora conservadora, Ann Coulter -quien recientemente dijo que los inmigrantes mexicanos eran tan peligrosos como los terroristas de ISIS.

Al lanzar su candidatura a la presidencia de Estados Unidos, Trump dijo que México “está enviando gente que tiene muchos problemas.” Luego añadió: “Ellos están trayendo drogas, está trayendo crimen. Son violadores. Aunque algunos, supongo, son buenas personas.”

La declaración de Trump es errónea, está llena de prejuicios étnicos y demuestra una enorme ignorancia sobre los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. Trump no sabe lo que está diciendo. Son puros trump(etazos) sin ninguna base en la realidad.

La gran mayoría de los 33.7 millones de personas de origen mexicano que había en Estados Unidos en el 2012, según el Pew Research Center, no son narcotraficantes, criminales ni violadores, como sugirió Trump. Al contrario: 570 mil negocios de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos generan más de 17 mil millones de dólares al año, según cifras del gobierno de México.

Esos inmigrantes que envía México a Estados Unidos -11.4 millones- y que, según Trump, no son los “mejores”, han construido sus edificios, cosechan la comida que lo alimenta y han contribuido a su enorme fortuna (calculada en más de cuatro mil millones de dólares por la revista Forbes).

Es una hipocresía de Trump criticar a los mexicanos y, al mismo tiempo, beneficiarse de su trabajo. En los últimos meses visité su hotel en El Doral, en la Florida, y el Trump International Hotel and Tower, en Nueva York, y muchos de los extraordinarios empleados que me atendieron son mexicanos. ¿Qué pensarán esos empleados de su jefe? ¿Por qué habla de los mexicanos con tanto odio?

A Trump que tanto le gusta poner retos en su programa de televisión, The Apprentice, le propongo el siguiente: pase un día -uno solo- sin sus empleados mexicanos y latinos. No podría. Sus negocios se paralizarían. Un día sin mexicanos pararía al imperio Trump.

Es increíble que un empresario tan exitoso como Trump no comprenda la importancia del mercado latino y de los México-Americanos (que conforman el 65 por ciento de la población hispana). El mercado hispano genera más de 1.2 trillones de dólares al año. Los latinos conforman la decimocuarta economía más grande del mundo (según el Celig Center de la Universidad de Georgia). A Trump le urge un curso de historia y economía…o una visita a las cocinas, sótanos y elevadores de servicio de sus propios hoteles.

Trump también propuso la absurda idea de cerrar las 1,954 millas de frontera con México. “Yo construiría una gran muralla”, dijo, “y nadie construye muros mejor que yo.” Pero sería un desperdicio de tiempo y dinero. Casi el 40 por ciento de todos los indocumentados llegan por avión; vienen con visa y luego se quedan. Ninguna muralla construida por Trump podría parar eso.

Además ¿para qué quiere Trump una muralla cuando el número de mexicanos indocumentados detenidos en la frontera sur ha bajado de 1.6 millones en el 2000 a 229 mil en el 2014? Es la cifra más baja en cuatro décadas (Pew).

Trump, al criticar a los mexicanos, olvida que muchos de ellos han dado sus vidas en las guerras de Estados Unidos. Basta ver la lista de soldados caídos en los conflictos de Irak y Afganistán. Están llenas de apellidos hispanos. Esos mexicanos, a quien Trump equiparó con criminales, aquí les llaman héroes.

Trump no comprende que hablar así es peligroso. Las palabras importan. Es un terrible ejemplo que un candidato presidencial destile tanto odio contra un grupo étnico. Otros podrían imitarlo o, peor aún, tomar acciones violentas.

Es muy preocupante, también, que casi todos los candidatos presidenciales de ambos partidos políticos se hayan quedado callados ante los venenosos, difamatorios e ignorantes comentarios de Trump. Es un silencio doloroso. Supongo que son cálculos de campaña.

Pero si Trump creía que con sus prejuiciadas declaraciones iba a conseguir votos, se equivocó. Al contrario. Ya perdió el voto latino y, por lo tanto, la Casa Blanca. Está despedido.


Sálvese Quien Pueda

George Clooney y lo malo de la fama

Jorge RamosEl actor George Clooney tiene un problema. Mucha gente que se le acerca, en lugar de saludarlo y darle un apretón de manos, saca su celular y se pone a filmarlo. “Hemos dejado de vivir nuestras vidas”, dijo alguna vez, “y ahora solo la estamos grabando en nuestros teléfonos.”

Le pasa muy seguido. En una cena de recaudación de fondos con el presidente Barack Obama, me cuenta, quedaron rodeados de gente tomando fotos y video. “Puedes decir que filmaste al presidente de Estados Unidos pero no puedes decir que lo conociste”, me dijo. “Y lo entiendo. No me estoy quejando. Así es este mundo. Pero es triste por todo lo que nos estamos perdiendo.”

Ahí estaba, frente a mí, uno de los hombres más fotografiados del mundo. He entrevistado a decenas de presidentes y líderes mundiales pero nunca a alguien tan famoso como Clooney.

Sin embargo -como siempre ocurre con los que no tienen nada más que probar- su actitud era muy amable y sencilla, bromeando y saludando a todos. Sin corbata y con jeans, se puso un saco gris solo para darle un poco de importancia a la película que estaba promoviendo -Tomorrowland. Tenía 12 minutos exactos de entrevista. Ni un minuto más. Pero él parecía andar sin prisa. Cruzó la pierna y se puso a platicar.

Clooney cree que la fama es cuestión de suerte. “Yo ya llevaba 15 años trabajando cuando me ofrecieron trabajar en el programa de televisión ‘E.R.’”, me contó. “Pero si ‘E.R.’ (donde protagonizaba a un doctor) hubiera sido transmitido los viernes en lugar de los jueves, no hubiera sido el éxito que fue. Esa es la importancia que tiene la suerte.” Es ese tipo de explicaciones que hacen de Clooney una rareza entre las estrellas de Hollywood: uno de los tipos más famosos del mundo dice que eso fue suerte.

Pero el actor, productor, director y ganador de dos Oscares -protagonista de más de una veintena de películas, incluyendo Gravity y The Perfect Storm- sabe cómo usar su fama, venga de donde venga. Durante años ha luchado por atraer la atención mundial al genocidio en la región de Darfur en Sudán y nunca se ha disculpado por apoyar abiertamente las candidaturas presidenciales de Barack Obama y, ahora, la de Hillary Clinton.

Le recordé que en el 2008 él había dicho que Hillary “era una de las figuras más divisivas de la política norteamericana.” Y lo reconoció. “Pero creo que con el tiempo ha dejado de serlo porque fue una…increíblemente exitosa Secretaria de Estado.” Y luego continuó. “Así que creo que ahora ya está lista para ser presidenta.”

A Clooney no le gusta pelearse y mucho menos en público. Casi nunca responde a críticas en la prensa. Pero la excepción fue cuando una publicación británica habló de su entonces prometida (y hoy esposa) Amal Alamuddin. El respondió con una fuerte columna en el diario USA Today.

“Ellos estaban tratando de fomentar el odio religioso al decir que mi esposa es Drusa -y ella no lo es-“, me explicó. “Y debido a que ella se iba a casa con alguien fuera de su religión, dijeron que los Drusos estaba dispuestos a ejecutar a mi prometida -matar a mi esposa. Bueno, eso no es cierto.” Y lo dijo.

Este tipo de confrontaciones casi no ocurren en el mundo de George Clooney. Al contrario, él cree que es una virtud cuando los actores no son tan accesibles -“unavailable” en inglés- al público. Por eso no tiene Twitter, Facebook o Instagram.

“Si le vas a pedir a la gente que pague dinero para que te vaya a ver en una película, ellos no tienen por qué saber lo que estás pensando todo el tiempo”, me dijo, “creo que tiene que haber un elemento de misterio.”

Es precisamente ese misterio lo que hace que, cuando la gente ve a George Clooney en persona, se le lancen a filmarlo en lugar de entablar una conversación con él. Es, sin duda, lo malo de la fama.


Sálvese Quien Pueda

Periodistas y dinosaurios

Jorge Ramos¿Quieres ver dinosaurios? No hay que ir al museo. Prende la televisión para ver un noticiero y ahí están.

Los dinosaurios son todos los presentadores (o conductores) a quienes tienes que ver a una hora fija, solo por televisión y sin ninguna plataforma digital. Bueno, ese tipo de periodismo está en peligro de extinción.

El próximo año cumplo 30 conduciendo un noticiero de televisión por la cadena Univision junto con María Elena Salinas. Sí, treinta años. Antes el negocio era relativamente sencillo. Nosotros hacíamos un noticiero y la gente hacía una cita con nosotros para ver las noticias todos los días a las seis y media de la tarde en punto. Los ratings determinaban el tamaño de la audiencia y los precios de los comerciales.

Pero el mundo de las noticias se ha fragmentado. Cada vez más gente se entera de las noticias a través de su teléfono celular y de su computadora en lugar de hacerlo por un telediario o periódico. Muchos ya tiraron por la ventana el control remoto. Hay una enorme migración de ojos de la televisión hacia otras pantallas y muchos jóvenes ya ni siquiera tienen un televisor.

Por eso, hacer una cita diaria para enterarse de las noticias es algo del pasado. Esto, como periodistas, nos obliga a tener una presencia constante en otras pantallas, en la internet y en las redes sociales. Si no puedes dar información en un click la gente la va a buscar en otro lado.

Ya no es posible ser periodista de escritorio. La orden del día es digital first. Casi todo debe salir primero de manera digital. Muchas de las entrevistas y reportajes que hago salen primero en Univision.com, Fusion.net o en www.jorgeramos.com que en la televisión. Esto es nuevo. Ya no podemos esperarnos a que den las seis y media de la tarde para sacar la información. (Imagínense el reto de los periódicos que tienen que esperar hasta el otro día.)

Además de las nuevas maneras de consumir noticias, el otro gran cambio en el periodismo son las redes sociales. Lo confieso: yo no puedo competir contra Facebook, Twitter, Instagram o Snapchat. Si hay un terremoto en China, un accidente en Francia o un tiroteo en California, no puedo competir contra una persona que lo está grabando todo en un celular.

Pero en lugar de rechazar esos videos y reportes porque no fueron hechos por periodistas profesionales, hay que abrazarlos, recibirlos, asegurarse que sean verídicos, usarlos y ponerlos en contexto. ¿Cómo no usar los videos del temblor en Nepal y del estrangulamiento de Eric Garner por la policía en Nueva York o las fotos del funcionario mexicano que se llevó a la familia de vacaciones en un helicóptero del gobierno?

Ahora bien, a pesar de estos enormes cambios tecnológicos nada puede reemplazar a un periodista que hace preguntas duras, que separa lo que es relevante de lo que es basura, y sobre todo que cuestiona a quienes tienen el poder. Eso no lo puede reemplazar ninguna aplicación del celular.

Lo que nunca va a desaparecer es la necesidad de periodistas que denuncien los abusos de los que tienen el poder. Esa es nuestra principal responsabilidad social. Y ese es el principal temor de los presidentes y dictadores. Qué bueno.

Los nuevos periodistas son necesarios por cinco razones: credibilidad, independencia, relevancia, para poner la información en contexto y para retar a los gobernantes. La gran maravilla de ser periodista es que te obliga a ser un rebelde y a mantenerte joven toda tu vida. No conozco ninguna otra profesión que te ofrezca un viaje más intenso y diverso.

El infierno debe ser pasarse el día haciendo cosas que no te gustan. Bueno, para mí el periodismo es lo opuesto a ese infierno.

Acabo de viajar a California para hablar ante un grupo de estudiantes que se graduaba de periodismo (en la Universidad del Sur de California, USC). Sabía que estaban llenos de dudas sobre el futuro de la profesión. Lo entiendo perfectamente.

Yo también tengo dudas. Hay quienes creen que el trabajo que yo hago de anchorman de un noticiero va a desaparecer en una década. Si eso es así, los actuales noticieros de televisión son una especie de Jurassic Park; llenos de criaturas a punto de morir.

Y lo que le dije a esos estudiantes es que la única manera de sobrevivir a este cambio climático en el periodismo es utilizando las nuevas tecnologías. Quien no lo haga está fuera. No se puede ser el Blockbuster o la Polaroid del periodismo. Pero, más que nada, lo que les enfaticé es que nuestra profesión se basa en la confianza. Si la gente no cree lo que dices, de nada sirve tu trabajo.

Solo esos periodistas -creíbles, rebeldes y digitales- van a sobrevivir. Los demás son dinosaurios.


Sálvese Quien Pueda

La promesa del 5 de mayo

Jorge RamosEl Cinco de Mayo es un día raro en Estados Unidos.

Muchos norteamericanos lo usan como excusa para ir a bares a tomar cerveza mexicana, comer chips con salsa y ponerse un sombrero de charro. Y muchos políticos lo aprovechan para hablar de los latinos y de nuestra creciente influencia en este país. Tras mucho insistir, ya no celebran la independencia de México sino esa única batalla que los mexicanos le ganamos a los franceses en un estado que, para muchos estadounidenses, es casi impronunciable.

El pasado Cinco de Mayo no fue la excepción. Al contrario, nos regaló un adelanto de cómo podrían ser las campañas presidenciales antes de la votación en noviembre del 2016. Fueron dos maneras muy distintas de tratar de enamorar al votante hispano. El republicano Jeb Bush envió en las redes sociales un mensaje en un perfecto español sobre cómo ha aprendido a amar y respetar a México, el país de origen de su esposa Columba. Y la demócrata Hillary Clinton, en inglés, pronunció un fuerte discurso sobre cómo ayudaría a los inmigrantes indocumentados.

La verdad, Hillary fue mucho más allá de lo que se esperaba. Prometió -como Barack Obama- luchar en el congreso por una reforma migratoria que le permita hacerse ciudadanos norteamericanos a la mayoría de los 11 millones de indocumentados. “No se equivoquen,” dijo. “Hoy ningún candidato Republicano, declarado o potencial, está apoyando clara y consistentemente un camino a la ciudadanía (para indocumentados). Ninguno.” Pero luego fue mucho más allá que el mismo presidente Obama.

“Si el Congreso se rehúsa a actuar”, continuó, “como Presidenta yo haré todo lo posible bajo la ley para ir más lejos. Hay mucha gente -como los padres de los Dreamers (o estudiantes indocumentados)…- que merecen una oportunidad para quedarse en este país. Yo también voy a luchar por ellos.”

La acción ejecutiva de Obama -que ayudaría a más de cuatro millones de indocumentados- está atorada en las cortes. Pero Hillary dice que haría aún más y ayudaría a más inmigrantes.

Llamémosle “la promesa del Cinco de Mayo”. Ahora falta aterrizar ese plan. ¿Cuándo y cómo? ¿Lo haría durante sus primeros 100 días en la Casa Blanca? ¿Detendría las deportaciones hasta lograr la reforma migratoria? Hay que ponerle una fecha límite y mecanismos muy concretos para que se cumpla.

Pero el problema de Hillary es Barack Obama. El hizo una promesa parecida en el 2008 y no la cumplió. Por eso, cuando muchos latinos oyeron el discurso de Hillary, dijeron: “No creo nada; ese cuento ya lo oí antes”.

Además de que hay un problema de credibilidad, hay otro legal; todos sabemos que Hillary -si gana- solo sería presidenta, no reina. Las cortes y el congreso podrían bloquear sus mejores intenciones. Si eso ocurriera, “la promesa del Cinco de Mayo” se evaporaría y no lograría absolutamente nada.

Pero lo que sí logró la promesa de Hillary es diferenciarla de todos los candidatos Republicanos y los puso en serios aprietos ante el electorado latino. ¿Será posible que Hillary tenga una propuesta migratoria mucho más comprensiva y compasiva que dos candidatos presidenciales que son hijos de inmigrantes -Ted Cruz y Marco Rubio- y que Jeb Bush, cuya familia es latina? Ningún candidato Republicano se va a salvar de que le preguntemos qué promete para los indocumentados a cambio de nuestro voto y de que comparemos su respuesta con la propuesta de Hillary. Y no hablar de inmigración no es una opción.

Así es esto. ¿Qué nos van a dar a cambio de nuestro voto? No basta decir unas palabritas en español o promesas vacías. Nos quemamos antes pero ya aprendimos.

Todos los candidatos están tratando de enamorar desde ahora a los latinos porque saben perfectamente que ellos podrían definir la elección. Las matemáticas son sencillas. Obama le ganó a Mitt Romney en el 2012 por casi cinco millones de votos. En el 2016 habrá cerca de 16 millones de latinos yendo a las urnas, más que suficientes para poner a cualquiera en la Casa Blanca.

Se los dije: el Cinco de Mayo es un día raro. Fue un día de promesas y ahora hay que oírlos a todos. Pero no nos vamos a olvidar. Y si no nos creen, pregúntenle al presidente Obama lo que pasa cuando nos prometen algo y no cumplen.


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Invisibles y confundidos

Jorge RamosEstán ahí pero muchos no los ven.

Son invisibles para la mayoría de los norteamericanos a pesar de que son más de 11 millones y hacen para ellos los trabajos más difíciles, los que nadie quiere hacer. Les llaman ilegales y criminales.

Sí, es cierto, rompieron la ley al entrar sin permiso a Estados Unidos o cuando se quedaron más allá del tiempo que les concedía su visa. Pero no es ningún crimen. Vienen porque miles de empresas norteamericanas los contratan y porque su trabajo beneficia a millones de personas. Por eso vienen. Todos somos sus cómplices.

Comemos lo que ellos cosechan. Dormimos en casas y apartamentos que ellos construyeron. Y muchas veces cuando vamos a un hotel, restaurante o negocio, alguno de ellos nos atiende. Son parte de nuestras vidas pero no los vemos. Son invisibles.

De hecho, ellos tratan de hacerse invisibles. No hacen ruido. No se pelean. Se esconden. No quieren que la policía los detenga por una infracción de tráfico porque pueden perder el carro y hasta ser deportados. Siempre se están despidiendo; cuando salen de sus casas no saben si van a regresar en la noche a ver a sus hijos.

El gobierno del presidente Obama ha deportado a más de dos millones de inmigrantes desde que llegó a la Casa Blanca. Más que cualquier otro presidente. Pero al menos protegió de la deportación a cientos de miles de Dreamers -estudiantes indocumentados- y con su acción ejecutiva pretende hacer lo mismo con más de cuatro millones de inmigrantes. Si lo dejan.

Actualmente hay mucha confusión. La acción ejecutiva de Obama está atorada en las cortes. Veintiséis estados lo demandaron y los indocumentados, como siempre, no tienen más remedio que esperar. Y esperar.

Para variar, esto se ha convertido en tema de campaña. Ocurre cada cuatro años. No hay nada más fácil que atacar a quienes no se pueden defender públicamente.

Muchos precandidatos Republicanos y comentaristas conservadores hablan de los indocumentados como si se tratara de seres desechables, que puedes empacar y enviar a cualquier parte del mundo. Se les olvida que sus familias también vinieron de otro lado. Pero ese olvido podría costarles muy caro en las urnas.

En una elección muy cerrada, los votantes latinos decidirán quién será el próximo presidente de Estados Unidos. No es magia. Son matemáticas. Barack Obama ganó la pasada elección con apenas cinco millones de votos más que Mitt Romney. El próximo año se calcula que voten 16 millones de latinos, más que suficientes para elegir al ganador. Y no van a votar, en su mayoría, por un deportador.

Es, en realidad, un concepto muy sencillo. Ningún hispano va a votar por un candidato que quiera deportar a su papá y mamá, a sus amigos, a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo o a estudiantes jóvenes.

El líder histórico de los hispanos, Cesar Chávez, dijo hace 31 años: “He visto el futuro y el futuro es nuestro.” Ese futuro es hoy. Cada año 800 mil latinos cumplen 18 años, la edad para votar, según el centro Pew. En el 2050 uno de cada tres norteamericanos tendrá apellido hispano. Sí, el futuro es nuestro e incluirá, pronto, al primer presidente latino.

Los latinos en Estados Unidos saben que no hay nada más difícil que ser inmigrante. Lo dejas todo -casa, amigos, familia, idioma- por una apuesta: que tú y tus hijos van a vivir mejor. (Por eso hay más de 230 millones de inmigrantes en el mundo. Tres de cada 100 personas en el planeta se van a vivir a otro lado.)

Los grandes países son medidos, no por la manera en que tratan a los ricos y poderosos, sino por su forma de cuidar a los más vulnerables. Y los inmigrantes son los más vulnerables. Estados Unidos tiene ahora que decidir qué tipo de país quiere ser. Solo espero que trate a los inmigrantes que llegaron después de mí con la misma generosidad y respeto con que me trató a mí.


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La esposa rebelde

Jorge Ramos“Dentro de la constitución hay formas de salir de este desastre”.
Leopoldo López
Todas las mañanas, a las cinco y media, Lilian Tintori se levanta a rezar y a leer la biblia. Exactamente a la misma hora, su esposo, el preso político Leopoldo López, hace lo mismo en la cárcel de Ramo Verde en Venezuela. Eso acordaron antes que lo detuvieran hace más de un año. Así, todos los días y a la misma hora, Lilian y Leopoldo se conectan.

A Lilian le ha tocado hablar por Leopoldo porque a Leopoldo no lo dejan hablar. El gobernante, Nicolás Maduro, nunca le perdonó a Leopoldo haber liderado las protestas de febrero del 2014 que casi tumban al régimen. Le inventaron cuatro cargos –daños a propiedad, incendios, asociación para delinquir e instigación pública– y poco después Leopoldo se entregó a las autoridades.

Su juicio es una farsa. Varias organizaciones de derechos humanos –incluyendo a Amnistía Internacional y Human Rights Watch– consideran que su arresto es injustificado; es el vil y burdo intento de Maduro de reprimir al principal líder opositor.

Pero Maduro se equivocó dos veces. La primera, al crear un mártir. No son pocos los que comparan el arresto de Leopoldo con el de Nelson Mandela en Sudáfrica. Y todos sabemos cómo acaba la historia. La segunda equivocación de Maduro fue menospreciar a Lilian Tintori. Nunca sospechó que la esposa de Leopoldo sería tan combativa como él. Ese fue un grave error de cálculo.

Lilian ha mantenido viva la memoria, el sacrificio y la misión de Leopoldo. Pelea todas las peleas dentro de Venezuela. Y no hay foro internacional donde no aparezca. Así, Lilian Tintori, la esposa rebelde, se ha convertido en una de las principales amenazas a la dictadura madurista. Muchos más prefieren salir en la foto con ella que con Maduro.

Lilian no para de hablar de Leopoldo. Cuando la entrevisté hace poco en Miami, denunció torturas en la cárcel. “Entraron hombres armados y destrozaron su espacio, se robaron sus memorias –todo lo que él escribe se lo robaron–. Siete horas duró esta requisa y lo metieron en una celda de castigo que se llama El Tigrito”, me dijo. “Una noche, a la una de la mañana le lanzaron por la ventana de su celda excremento humano y orina. Le cortaron el agua y la luz para que no se pudiera bañar. Eso es un trato absolutamente inhumano, de tortura”.

Venezuela tiene uno de los niveles de inflación y criminalidad más altos del continente. La brutal caída en los precios del petróleo y el desabastecimiento la han convertido en una nación de muchas filas y aún mayor frustración. La pregunta, la gran pregunta en Venezuela, es ¿cómo salir de este desastre de una manera legal?

“Maduro no va a renunciar”, le digo a Lilian. “Ojalá renunciara si quisiera al venezolano”, me responde. “El sistema fracasó. Es un sistema antidemocrático que fracasó”.

Así, una de las pocas opciones legales es realizar un referéndum revocatorio. Hasta el mismo Maduro lo sabe. Deben “recoger sus firmas en el 2016 y medirse en un referéndum revocatorio,” le dijo a la oposición. El problema es que el organismo que cuenta los votos en Venezuela también está controlado por Maduro.

Mientras tanto, a Maduro le incomoda y mucho Leopoldo López y su esposa. Antes que Leopoldo se entregara, Maduro les ofreció irse del país. “Que por favor se fuera de Venezuela, que el avión estaba listo”, recordó Lilian. “Esto fue un mensaje que nos mandó Maduro directamente a mi casa. Le dijimos no”.

Maduro se equivoca si cree que Lilian se va a dar por vencida. “Yo me casé con Leopoldo”, me dice, “y me casé con su compromiso de una mejor Venezuela. No voy a parar. No voy a parar”.

Lilian no está sola. Otras esposas de presos políticos –como Mitzy, esposa del alcalde Antonio Ledezma– también están dando la batalla por la libertad y la democracia. Parece ser que en Venezuela, un país tan matriarcal, serán las mujeres –otra vez– las que encuentren una solución a esta crisis.

En eso piensa Lilian Tintori todos los días a las cinco y media de la mañana.


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La lógica mexicana

Jorge Ramos“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.”
Augusto Monterroso

En México la lógica y la justicia están rotas. ¿Quién debe perder su puesto: el que comete un acto de corrupción o quien lo denuncia? Claro, debería perderlo quien es corrupto. Pero en México, siguiendo la lógica del mundo al revés, quien comete el acto de corrupción se queda en su puesto y quien lo denuncia es despedido. Es la lógica mexicana del poder: mata al mensajero.

Estos son los datos. Hace cuatro meses la periodista Carmen Aristegui y su equipo de investigadores denunciaron que la esposa del presidente de México, Angélica Rivera, incurrió en un grave conflicto de interés al comprar y financiar una casa -valorada en siete millones de dólares- a Higa, un contratista del gobierno. Higa, actualmente, tiene contratos por varios millones de dólares con el gobierno mexicano.

La inusual transacción -¿qué mexicano puede recibir un trato similar de un contratista?- hizo preguntarse a muchos si la residencia -conocida como la “Casa Blanca”- se vendió en circunstancias muy favorables a cambio de contratos gubernamentales. ¿Casa por favores?

Pongámoslo en perspectiva: si Michelle Obama hubiera financiado una casa privada con un contratista del gobierno estadounidense, su esposo, Barack Obama, ya no estaría hoy en la verdadera Casa Blanca. Eso no es ético ni transparente.

Imposible saber si hubo presiones de la presidencia de México a la empresa MVS para despedir a Aristegui. Pero ella sospecha que sí las hubo. Todo “nos hace pensar que hubo una intervención gubernamental”, dijo la periodista en una declaración. “No es un conflicto entre particulares.” Se trata de un “manotazo autoritario.”

La lógica y la justicia sugerirían que un fiscal independiente o una comisión del congreso investigaran a fondo el aparente conflicto de interés del presidente y su esposa en la compra de la casa. Pero, en cambio, el presidente nombró a un subalterno y miembro de su gabinete -Virgilio Andrade- para que lo investigara.

Nadie le va a creer. El investigador Andrade tiene colgada una gran foto del presidente en su oficina, según constató el diario español El País. La designación de Peña Nieto fue tan tonta, burda e infantil que hasta parece un juego. Pero es la lógica mexicana del poder: hazles creer que haces aunque no hagas nada.

Otro ejemplo. Cuando el Papa Francisco comentó en una nota a un amigo que le preocupaba la “mexicanización” de Argentina -refiriéndose al aumento de la narcoviolencia-, el gobierno de Peña Nieto inmediatamente se quejó. Pero en lugar de preocuparse por lo que diga el Papa y de la mala imagen de México, primero habría que reconocer que la mayoría de los crímenes en México no se castigan. Además, desde que Peña Nieto llegó al poder más de 37 mil mexicanos han sido asesinados, de acuerdo con cifras oficiales. La nueva lógica mexicana es que hasta el Papa la trae contra México.

Un ejemplo más. Me encantan las campañas turísticas del puerto de Acapulco -“Habla bien de Aca”- y del estado de Michoacán -“Un destino que lo tiene todo, solo faltas tú”. Las fotos son espectaculares. Pero ¿cómo promueves el turismo en lugares donde matan estudiantes, periodistas y civiles? Es la lógica mexicana del poder: tratar de imponer la imagen por encima de la realidad. Esperan, absurdamente, que la propaganda haga olvidar los asesinatos diarios en Guerrero y Michoacán.

Lo que estamos viendo en México en estos momentos es a un gobierno a la defensiva -con actos de verdadera desesperación- y a una sociedad civil -cada vez más grande, consciente y poderosa- que no se deja. Los gobiernos asediados -ya lo vimos también en Argentina- son muy peligrosos: pierden los límites, se aíslan, tratan de imponer su (i) lógica y hacen cualquier cosa -¡cualquiera!- para sobrevivir. Así está el gobierno de Peña Nieto. Aristegui lo describió como un “vendaval autoritario.”

Entendamos. El poder nunca se hace hara-kiri. El poder nunca entrega el poder: hay que arrancárselo. Y como el congreso y la oposición política en México son tan tibios, cómplices y miedosos, le ha tocado a los periodistas independientes y a los estudiantes y a los maestros -y a todos los ciudadanos de a pié- pelear por un país más justo y democrático.

Cuando el poder abusa, el periodismo tiene que ser contrapoder. Y en México tenemos grandes y valientes mujeres periodistas. Además, México ya está listo para un revolcón político. No tarda. Los indignados son muchos. Puede surgir un movimiento -o muchos- como Podemos pero a la mexicana, anti sistema, sin las ataduras chavistas, menos dogmático y más incluyente.

La voz de Carmen Aristegui y de su equipo no se va a apagar. Este no es el México del 68, ni de Echevarría o de Salinas de Gortari. Aristegui -y una maravillosa generación de jóvenes comunicadores mexicanos en las redes sociales y en la internet- están del lado correcto de la historia y están luchando por un México nuevo.

Lo que pasa es que el México viejo no acaba de morir; el dinosaurio sigue ahí, herido, y está dando manotazos.


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Matan inmigrantes y no pasa nada

Jorge RamosPor: Jorge Ramos

Cuando la policía mata a un inmigrante en Estados Unidos, la indignación es la misma que cuando mata un afroamericano.

Pero la respuesta es distinta. Tras la muerte de tres mexicanos a manos de la policía no hemos visto las protestas y las marchas que ocurrieron luego de las muertes de los afroamericanos Michael Brown en Ferguson, Missouri, y Eric Garner en Staten Island, Nueva York. Algo no está bien aquí.

El problema es que, además de la tragedia por sus muertes, los latinos e inmigrantes siguen con miedo ante la policía y no confían en que se hará justicia. Por eso la reacción es tan tibia. Pero no debería ser así.

A nivel oficial parecería que la muerte de inmigrantes es menos importante que la de ciudadanos norteamericanos. Ni el presidente Barack Obama, ni el Procurador General, Erick Holder, ni ningún líder Republicanos han salido en público a denunciar que la policía mató a tres inmigrantes mexicanos en menos de tres semanas.

El gobierno mexicano envió una carta de protesta a Washington -diciendo que no son hechos aislados- pero no ha querido convertir estas tres muertes en un asunto central que tense las relaciones bilaterales. Los mexicanos que viven en Estados Unidos están solos; saben que no son una prioridad para el gobierno en la ciudad de México. Matan mexicanos y no pasa nada.

Esto es lo que pasó:
1) El 10 de febrero la policía de Pasco, estado de Washington, mató al mexicano Antonio Zambrano luego que el indigente les tirara piedras, según muestra un video.
2) El 20 de febrero la policía de Grapevine, Texas, mató al mexicano Rubén García luego de una persecución. “¿Me vas a matar?” aparentemente le preguntó García a un agente de la policía, con los brazos en alto, de acuerdo con la versión de su cuñado. Sí, lo mataron: recibió dos disparos en el pecho.
3) Y por último, el 27 de febrero la policía de Santa Ana, California, mató al mexicano Ernesto Canepa, quien era sospechoso de robo y a quien le encontraron una pistola de perdigones en su auto. La familia de Canepa dice que tenía dos trabajos y cuatro hijos.

A estas tres muertes -que están bajo investigación- hay que sumar las de al menos 17 mexicanos que han muerto en enfrentamientos con la Patrulla Fronteriza desde el 2010, de acuerdo con las cifras de la organización Southern Border Communities Coalition. La triste realidad es que la mayoría de estas muertes pasan desapercibidas y, pocas veces, se sabe realmente qué pasó. La impunidad es, casi, total. Nadie, generalmente, termina en la cárcel.

Otra triste conclusión es que tampoco existe una expectativa de justicia. No me imagino al Departamento de Justicia haciendo una investigación a fondo sobre los abusos de la policía en contra de inmigrantes latinoamericanos. Estoy seguro que, si la hicieran, sus conclusiones serían muy parecidas a las de su reciente informe sobre el maltrato de la policía de Ferguson contra afroamericanos: detenciones sin razón, uso de lenguaje racista, abuso de fuerza y la terrible sensación de que no son tratados justamente.

Esta sensación de injusticia contra los inmigrantes en Estados Unidos está reforzada por el lenguaje de muchos políticos en Washington, y fuera de Washington, que los califican de “criminales”. Los políticos son culpables de crear este falso estereotipo del inmigrante; una cosa es estar aquí ilegalmente y otra muy distinta es cometer crímenes. Y, siguiendo el mismo y equivocado argumento, muchos departamentos de policía de Estados Unidos tratan a los inmigrantes como “criminales” aunque lo no sean.

No, a pesar de lo que diga la Declaración de Independencia, en Estados Unidos no todos son tratados como iguales. Algunos -por el simple hecho de haber nacido en el extranjero, hablar con acento y tener otro color de piel- pueden perder la vida a manos de quien los debería proteger: la policía.


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Mexicanos sospechosos

Jorge RamosNo es fácil ser mexicano estos días. Si vives en México, estás en uno de los países más violentos del continente y, quizás, uno de los más corruptos. Y si vives en Estados Unidos es muy posible que alguna vez te hayan discriminado y hasta perseguido, si no tienes permiso de trabajo, visa o tarjeta de residencia.

Hay poco que celebrar. Pero cuando lo hay, nadie nos para. Por eso llama la atención la fiesta cibernética por los cuatro Oscares ganados por el director de cine, Alejandro González Iñárritu (3) y el director de fotografía, Emmanuel Lubezki (1). Estos Oscares siguen a los dos ganados el año pasado por el mismo Lubeski y por el director Alfonso Cuarón.

Los mexicanos somos buenos para las fiestas. Nuestras fiestas son inversamente proporcionales a nuestras broncas; mientras más problemas haya, más las disfrutamos. “Es significativo que un país tan triste como el nuestro tenga tantas y tan alegres fiestas”, escribió Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad. “Entre nosotros la fiesta es una explosión, un estallido…No hay nada más alegre que una fiesta mexicana.”

Pero en este 2015 la fiesta de los mexicanos, más que en Hollywood, fue en las redes sociales. Hubo, literalmente, millones de felicitaciones en Twitter y Facebook a los ganadores del Oscar. Pero, también, nuestras fiestas son una forma de protesta. Las aprovechamos para quejarnos y desahogarnos. Otra vez Paz: “En el remolino de la fiesta nos disparamos. Más que abrirnos, nos desgarramos.”

El discurso de Iñárritu al aceptar uno de los Oscares canalizó el enojo y frustración que sentimos muchos mexicanos en ambos lados de la frontera. “Quiero dedicar este premio a mis compatriotas mexicanos, a los que viven en México”, dijo Iñárritu, “y rezo para que podamos encontrar y construir el gobierno que nos merecemos.”

El hashtag #ElGobiernoQueNosMerecemos se hizo tendencia en México. La crítica al actual presidente fue clara. Más de 37 mil mexicanos han sido asesinados desde que Enrique Peña Nieto llegó el poder; esa es la “mexicanización” y el “terror” que tanto teme el Papa Francisco para su Argentina. Además, con una elección cuestionada por trampas y graves acusaciones de conflicto de intereses, Peña Nieto no es un presidente de Oscar. Si tenemos dos directores de cine de Oscar ¿por qué no hemos podido encontrar a un buen director de país?

La segunda parte del discurso de Iñárritu, sobre los inmigrantes mexicanos viviendo en Estados Unidos, fue igualmente fuerte. “Solo rezo para que sean tratados con la misma dignidad y respeto”, dijo el director de Birdman, “como los que llegaron antes y construyeron esta increíble nación de inmigrantes.” La crítica no pudo haber llegado en mejor momento.

Más de la mitad de los 11 millones de indocumentados en Estados Unidos, son mexicanos. Viven perseguidos y en la oscuridad. Y actualmente congresistas y gobernadores Republicanos, en su mayoría, están tratando de bloquear la acción ejecutiva del presidente Barack Obama que ayudaría a millones de estos mexicanos. Es duro y desesperante ser mexicano y no tener papeles en Estados Unidos.

La broma de Sean Penn al entregar el Oscar a Inarritu –“¿Quién le dio su tarjeta de residencia a este bastardo?”- cayó tan mal porque refleja la xenofobia y rechazo de muchos norteamericanos a los inmigrantes mexicanos. No hizo reír a nadie. Es la misma frase que se escucha en los campos de cultivo, en hoteles y restaurantes, en sitios de construcción y en cualquier lugar donde trabajen mexicanos.

En una entrevista de televisión, luego del premio, le preguntaron a Iñárritu sobre lo extraño de que dos mexicanos, consecutivamente, hayan ganado un Oscar como mejor director.

“Eso es sospechoso”, respondió con humor. Pero, efectivamente, estos Oscares destruyen muchos de los estereotipos sobre los mexicanos.

No es fácil ser mexicano, ni dentro ni fuera de México. Pero cuando las cosas son difíciles, los triunfos son más ricos, tienen más impacto y las fiestas son un reventón. Por ahí, entre tequilas y tuits, volví a oír la frase: el éxito es la mejor venganza.


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El país de las filas

Jorge RamosVenezuela, que fuera la nación más rica de América Latina, es ahora el país de las filas más largas. El venezolano tiene que calcular en su día las horas que pasará esperando para comprar comida y los productos de necesidad básica. Las filas es lo que hoy define a Venezuela.

Venezuela es un país que espera, en pausa, frustrado con el presente e incapaz de imaginarse un futuro mejor a corto plazo. No hay salida. Por ahora. “Pudimos detectar que de cada 10 venezolanos, seis deben hacer colas para comprar alimentos, independientemente de la clase social”, dijo hace poco el presidente de la Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores (ANAUCO). Y hacer fila no garantiza comprar lo que uno quiere. “En los abastos y supermercados están limitando la cantidad de productos que se pueden vender.”

Esto ha creado una nueva profesión: los “coleros”. Ellos hacen la fila por otros a cambio de unos bolívares. Venezuela debería producir médicos e ingenieros, no “coleros”.

Estamos hablando de varias horas al día haciendo filas para comprar pollo, maíz, leche y papel del baño. “Es que las colas en Venezuela para comprar comida pueden durar siete, ocho, nueve horas”, me dijo en una entrevista el ex presidente de Colombia, Andrés Pastrana.

En Venezuela hay que esperar para todo. Pastrana y el ex presidente de Chile, Sebastián Piñera -en una reciente visita a Venezuela- tuvieron que esperar horas, sin éxito, para ver en la cárcel de Ramo Verde al preso político y líder opositor, Leopoldo López. Al final, la espera no sirvió de nada. No los dejaron verlo. “En Venezuela hay presos políticos”, me dijo un frustrado Pastrana. “¿A esto le podemos llamar democracia?”

Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular, lleva ya un año en la cárcel. El régimen de Nicolás Maduro lo acusó de incitar a la rebelión. Después que López se entregara, las manifestaciones masivas contra el gobierno perdieron fuerza. Pero la lucha no terminó ahí. López se está convirtiendo en el Nelson Mandela de Venezuela y el régimen de Maduro lo sabe. Por eso no lo sueltan.

Carlos Vechio también debería estar preso. El es el número dos del partido Voluntad Popular y, al igual que López, tenía una orden de captura. Pero Vechio se escondió durante 108 días en Venezuela y, finalmente, pudo escapar. Actualmente vive en el sur de la Florida, donde conversé con él.

“A mí me fueron a buscar de manera violenta”, recuerda Vechio. “Y ahora me tocó en clandestinidad esta nueva etapa.” Vechio no quiere a Maduro en el poder pero rechaza cualquier proceso de transición que no sea democrático. ¿Un golpe de estado? ¿Invadir Venezuela? “Esa es una locura”, me dijo, “un absurdo.”

Vechio cree que la sociedad venezolana está viviendo “un cambio irreversible que no lo va a parar nadie.” ¿Cuál es la salida a la crisis actual? El cree que puede haber una renuncia de Maduro, un referendo revocatorio el próximo año e, incluso, una enmienda que recorte el mandato presidencial. Pero para eso, me dijo, se necesita del “chavismo democrático.”

¿Qué es eso? le pregunté. “El chavismo democrático es un grupo de venezolanos que creyeron en el proyecto (de Hugo Chávez) y que ahora están defraudados por una élite corrupta”, me explicó Vechio. “No hay transición posible en Venezuela sin ese grupo de venezolanos.” Su teoría es que el chavismo solo se acaba con la ayuda de algunos chavistas.

Venezuela está viviendo, me dijo, “una tormenta perfecta.” Se refería a la inflación más alta del continente, a los bajos precios del petróleo, a la violencia, al desabastecimiento de alimentos, al permiso que tiene el ejército para disparar contra manifestantes, a los 12 mil millones de dólares que guardó el gobierno chavista en cuentas suizas, a la frustración de la gente y a la incapacidad de Maduro para liderar. Quizás.

Pero lo nuevo en Venezuela es el hambre. No hay ni pan ni circo. Y filas muy largas. Eso sí acaba con cualquier gobierno y con la paciencia de los más aguantadores.

El ex presidente Pastrana cree que se puede venir una crisis humanitaria sin precedentes. Si al final de las filas no hay nada que comer, Maduro podría ser el postre. Ni siquiera los propios chavistas saldrían a defenderlo. Las ideologías no se comen.


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