Miss Universo al rescate

Jorge Ramos“GANAMOS”, repetía. El grito era tan potente que lo escuchaba a través del celular de otra persona, no el mío. Era una venezolana que celebraba el triunfo de su compatriota, Gabriela Isler, en el concurso Miss Universo. Los gritos no paraban.

En Twitter la celebración de los venezolanos parecía una fiesta. Como si se tratara de su misma hermana. Me pareció una exageración, un festejo desproporcionado. Pero era, en realidad, la primera buena noticia para los venezolanos en mucho tiempo.

Mientras Miss Venezuela era coronada como la mujer más bella del mundo en Moscú, lugar del certamen, en Caracas era liberado el corresponsal extranjero del diario Miami Herald, Jim Wyss. Pasó dos días detenido por el gobierno del presidente Nicolás Maduro solo por reportar sobre el contrabando, los saqueos y el desabastecimiento en todo el país. Exacto, creen que arrestando periodistas se acaban las malas noticias.

Un día antes el presidente Maduro acusó a una tienda de aparatos electrodomésticos de vender a sobreprecio y ordenó su “ocupación”, cambió los precios y miles se lanzaron a buscar las supuestas ofertas. ¿El resultado? Tumultos, saqueos y otra empresa venezolana más que se va al borde del la quiebra.

Venezuela produce muy poco. Casi todo lo importa con el dinero que ganan del petróleo. El control oficial del dólar ha creado una nueva clase de millonarios chavistas y una enorme red de corrupción dentro del gobierno. Mientras tanto, la industria nacional y los pequeños negocios mueren lentamente y los venezolanos, como los cubanos, se pasan el día de tienda en tienda buscando mercancías y productos que ya no encuentran.

Venezuela está en un callejón sin salida: le urge un cambio pero no hay ninguno a la vista. Todo mundo se burla de Maduro y de su lengua que parece tener vida propia pero, aún con todas sus incapacidades, ocupa el poder. Ahora Maduro pretende gobernar sólo con una ley habilitante que le da poderes de tirano. Y la oposición, dividida y debilitada, no ofrece muchas opciones más que esperar.

El problema de Venezuela es muy sencillo. El tiempo de salir a la calle para recuperar el poder ya pasó. Ese momento era el miércoles 17 de abril, tres días después de las elecciones presidenciales de este año que, de manera fraudulenta, se robó Nicolás Maduro. (50.61 por ciento le dieron los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral que él controla.)

Henrique Capriles, el candidato opositor, en una polémica decisión, canceló una marcha de protesta para ese 17 de abril debido a que, según me dijo en entrevista, tenía información que el gobierno iba a ocasionar varias muertes. Esa decisión cambió la historia y dividió a la oposición.

“Al retractarse aquel miércoles 17 (Capriles) nos dio una terrible señal” se le oyó a la diputada opositora María Corina Machado en una grabación. Leopoldo López, ex alcalde de Chacao y duro opositor del chavismo, me dijo en una entrevista que él tampoco estuvo de acuerdo con la decisión de Capriles.

Imposible saber si el gobierno planeaba actuar con violencia ese día. Imposible saber, también, si el chavismo sin el difunto presidente Hugo Chávez hubiera aguantado un protesta de esa magnitud contra el fraude en las elecciones presidenciales. Todo son especulaciones. El caso es que la oposición decidió no jugar y perdió ese momento.

Ahora no les queda más remedio que esperar dos años (para ver si pueden sacar a Maduro en un referéndum revocatorio) o cinco años a que termine su mandato. Un golpe de estado es impensable y estúpido. Eso no lo hacen los demócratas. Y es poco probable el escenario de una rebelión popular o un ajuste de cuentas dentro del chavismo-madurismo.

Mientras, Maduro sigue de presidente. Un día se le ocurre crear un ministerio para la felicidad, otro se cae de una bicicleta, uno más inventa palabras y al siguiente quiere reinventar Twitter. Es un chiste y los países no se gobiernan con chistes. En otras palabras, Maduro no es Chávez. Y la Venezuela del desabasto, de la peor inflación del continente, del crimen rampante y de la corrupción desenfrenada no tiene ninguna posibilidad de mejorar así.

Ciertamente hay muchas cosas que no funcionan en Venezuela. Pero lo que sí funciona es su industria de crear reinas de belleza. Siete de ellas han ganado el Miss Universo. (Solo Estados Unidos tiene una más.)

Así que, por ahora, Venezuela hace bien en celebrar a su Miss Universo. A ver cuánto dura la fiesta. El problema es que ella sola no puede rescatar a todo un país. Para eso se necesitan muchas más faldas y pantalones.


Sálvese Quien Pueda

El senador que no se quería callar

Jorge RamosEl senador Ted Cruz estaba muy tranquilo, sentado en un sofá de su oficina, con la pierna cruzada, mostrando una de sus muy tejanas botas negras. Parecía que nada le preocupaba. Sin embargo, afuera de ahí, las palabras y las acciones del senador de Texas estaban causando una tormenta política.

A pesar de que el reciente cierre del gobierno causó un duro daño a la imagen del partido Republicano –las encuestas los culpan principalmente a ellos por los 16 días de crisis financiera- el senador Cruz sigue actuando como si hubiera ganado. Y puede ser que así sea.

Todos en Estados Unidos ya saben quién es Ted Cruz, ha recaudado miles de dólares de votantes muy conservadores y no es ningún secreto que está preparando una posible campaña por la presidencia para el 2016. Todo basado en su ataque al programa de salud del gobierno conocido como Obamacare y a su negativa de apoyar un camino a la ciudadanía para los inmigrantes indocumentados.

“La gente está sufriendo”, me dijo el senador en una entrevista. “El sistema de salud Obamacare es el principal responsable de la pérdida de empleos en este país.” Su argumento es que, al obligar que todas las personas tengan cobertura médica, muchas pequeñas empresas tendrían que cerrar. Otros, asegura, están perdiendo el seguro que sus compañías les ofrecían antes de entrar en efecto este programa.

El senador me confirmó que él está cubierto por el seguro médico de su esposa en Goldman Sachs, uno de los mejores del país y cuyo costo se calcula en unos 20 mil dólares al año. Millones no tienen seguro médico en Estados Unidos. Pero la prioridad, para él, es crear empleos. Punto.

El senador también tiene una clara política migratoria. Se considera a sí mismo como defensor de la reforma migratoria. “No hay nadie que defienda la inmigración legal más que yo en el Senador de Estados Unidos”, me dijo. El está a favor de reforzar la seguridad en la frontera y en aumentar a más de 1.35 millones el número de visas para trabajadores extranjeros por año, eliminando los límites que existen por país.

Pero le recordé que muchos hispanos lo consideran un latino “anti-inmigrante” debido a que se opone a un camino a la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados en Estados Unidos, inclusive a los estudiantes conocidos como Dreamers. ¿Por qué no darles a estos inmigrantes las mismas oportunidades que tuvo su padre, Rafael, un inmigrante que vino de Cuba? “Mi padre vino legalmente, al igual que tú y millones de inmigrantes”, me contestó este abogado de Harvard.

“Las leyes importan y es muy importante que se sigan las leyes.”

Son este tipo de ideas las que han hecho de Ted Cruz un ídolo del Tea Party y de los grupos más conservadores de Estados Unidos. Algunos lo consideran un posible candidato presidencial. Pero hay un pequeño problema; Ted Cruz nació en Canadá y hay muchos constitucionalistas que creen que, por eso, no puede aspirar a la Casa Blanca.

“Nací en Calgary (Canadá), mi padre es cubano y mi madre es estadounidense”, me explicó. “Mi madre era ciudadana de Estados Unidos por nacimiento así que, bajo las leyes de Estados Unidos, yo soy un ciudadano estadounidense. Esos son los datos”. ¿Ya renunció a su ciudadanía canadiense? le pregunté. “Estoy en el proceso de hacerlo”, me dijo, “pero aún no se ha completado el proceso.”

No me quiso decir si pensaba lanzarse a la presidencia. Como buen político, me explicó que, por ahora, quería concentrarse en su trabajo como senador. Pero la pregunta es ¿por qué Ted Cruz querría renunciar a su ciudadanía canadiense si no es para lanzarse a la presidencia de Estados Unidos?

Como quiera que sea, el político que habló en el Senado durante más de 20 horas para tratar (sin éxito) de que entrara en efecto la nueva ley de salud, sigue hablando. Y no piensa quedarse callado. Su cálculo político es claro: aún perdiendo, gana. Por eso lo vi tan tranquilo, sin prisa, sentado en su oficina.


Sálvese Quien Pueda

La Ruta de la Muerte

Jorge RamosNogales, Arizona.

Hoy, en esta frontera, va a morir un inmigrante. O quizás dos. Mañana se repetirá la historia. Y pasado mañana también. Son muertes terribles e innecesarias. Los inmigrantes se pierden en el desierto, sin agua y usualmente mueren de insolación en dos o tres días a solo unas millas de la ciudad más cercana.

En los últimos años se han construido 350 millas de muros entre México y Estados Unidos. Es increíble que en el 2013 sigamos hablando de muros. El muro de Berlín, que solo tenía 87 millas, empezó a demolerse en 1989. Me tocó verlo. Fue emocionante presenciar como los jóvenes alemanes de ambos lados destruían con cincel y martillo lo que los separaba. Por eso es tan aberrante ver cómo ahora quieren construir 350 millas más de muro en la frontera entre México y Estados Unidos.

Pero la verdad los muros no sirven para nada. A solo 15 minutos en auto de Nogales, Arizona, se acaba el muro grande, el que tiene unos 15 pies de altura. Se nota claramente dónde el gobierno se quedó sin dinero. Y es ahí precisamente a donde se van los inmigrantes para cruzar ilegalmente a Estados Unidos, sin ningún problema, como Pedro por su casa.

El problema viene después. Los coyotes les cobran al menos dos mil dólares por persona por cruzarlos y, para no ser detectados por los agentes de la patrulla fronteriza de Estados Unidos, se alejan lo más posible de los puntos de vigilancia. Esto los deja, generalmente, a uno o dos días caminando del pueblo más cercano. Muchos nunca llegan. Ahí se acaba el juego del gato y el ratón. Es la ruta de la muerte.

El año pasado murieron 463 personas tratando de cruzar hacia Estados Unidos, según cifras oficiales de la Patrulla Fronteriza. Pero aquí hablan solo de cadáveres recuperados. Muchos ni siquiera son encontrados. Esta cifra es la más alta desde el 2005.

Aunque ha bajado considerablemente el número de personas que intentan cruzar -364,768 fueron detenidas en el 2012, mucho menos que las 1,676,438 en el 2000- sigue subiendo la cifra de muertos en la frontera. Es uno o dos muertos por día, en promedio. Frente al incremento de muros y vigilancia del lado norteamericano, los indocumentados se arriesgan a cruzar por los lugares más alejados y peligrosos. El resultado es mortal.

Nada va a evitar este peligroso viaje. Es una simple cuestión económica. Si un inmigrante desempleado o subempleado en México y Centroamérica puede encontrar un trabajo en Estados Unidos que le pague 10 o 20 veces más que en su país de origen, seguirá existiendo inmigración ilegal.

La única solución está muy lejos de aquí, en el congreso de Estados Unidos. Ahí tienen que hacer dos cosas: primero, legalizar a los millones de inmigrantes que ya están aquí y, segundo, establecer un sistema de visas y residencia para que nadie tenga que tomar la ruta de los coyotes, el desierto y la muerte.

El senado ya hizo lo suyo. Ahora le toca a la cámara de representantes. Los Republicanos controlan esa cámara. Su líder John Boehner podría pedir un voto pero, hasta el momento, por razones incomprensibles, se ha negado a poner el tema de la reforma a votación. Las excusas se acabaron.

Siempre pasa lo mismo. Cuando está a punto de discutirse y aprobarse una reforma migratoria, algo se atraviesa. Pasó en el 2001. Cuando los presidentes George W. Bush y Vicente Fox estaban negociando un acuerdo migratorio, 19 terroristas usaron cuatro aviones para matar a casi tres mil norteamericanos en Nueva York y Washington. Todo se paró. Y ha vuelto a ocurrir.

Cuando le tocaba a la cámara de representantes debatir la legalización de 11 millones de indocumentados, se atravesó el cierre del gobierno y el congreso se pasó 16 días buscando cómo reabrirlo.

Pero ahora sí se acabaron las excusas. La pregunta a los congresistas es ¿qué tienen que hacer de aquí al fin de año? La respuesta es solo una: debatir y aprobar la reforma migratoria.

La falta de acción no es una opción. Cada día que estos congresistas se quedan sentados sin hacer nada muere uno o dos mexicanos en la frontera, uno o dos centroamericanos, uno o dos padres de familia.

En la estación de autobuses de Nogales, México, me encontré a varias inmigrantes que acababan de ser deportadas. A las mujeres las dejan aquí; a los hombres más lejos, para que les cueste más trabajo regresar. Pero igual regresan.

Han pagado tanto, han arriesgado tanto, que no se plantean el regresar derrotados a sus pueblos. Se quedan unos días rondando la ciudad, alimentándose en los comedores que establecen organizaciones caritativas y vuelven a dar el salto al norte.

Todos saben que se la juegan y que pueden morir en el intento, pero cruzan de todas maneras. Uno tiene la impresión que, para estos inmigrantes, quedarse en México es morirse también: morirse de hambre, de enfermedad, de frustración.

La ruta de la muerte está abierta. Que venga el que quiera.


Sálvese Quien Pueda

Capriles: “Nosotros ganamos”

Jorge RamosLo primero que noté de Hernique Capriles, el principal líder de la oposición en Venezuela, es que era tan flaco como yo y que le quedaba un poco grande la chaqueta que llevaba con los colores de la bandera.

Pero me pareció un gesto atrevido. El ex presidente Hugo Chávez se vestía igual, con los colores nacionales, y Capriles no estaba dispuesto a cederle al fallecido caudillo ni la bandera ni la herencia del libertador Simón Bolívar.

Este es, sin embargo, no tiene nada que ver con la moda. La pregunta de muchos venezolanos es si Capriles, realmente, tiene lo que se necesita para llenar el puesto que tuvo Chávez por 13 años y para arrebatarle al actual presidente, Nicolás Maduro, el poder que se robó en las pasadas elecciones.

“Nosotros ganamos las votaciones del 14 de abril”, me dijo Capriles en una reciente entrevista en Miami, antes de partir de regreso hacia el estado Miranda, donde es gobernador. “Fue un proceso tramposo. El resultado oficial no corresponde a la realidad.”

Pero Ni Capriles ni la oposición han podido convencer al mundo de que Maduro llegó al poder por un mayúsculo fraude basado en muertos que votaron, en votos asistidos, en amenazas y en un sistema totalmente controlado por el chavismo. “Para ganar las elecciones en Venezuela se tiene que hacer por knock out”, reconoció. “Siempre hemos tenido el árbitro en contra.”

Muchos le han criticado a Capriles que no haya defendido su aparente triunfo con más fuerza. La asambleísta de la oposición, Maria Corina Machado, fue grabada recientemente diciendo que fue una “terrible señal” que Capriles hubiera suspendido una marcha de protesta tres días después de las elecciones.

Pero Capriles no se arrepiente de esa decisión. “Iban a matar a mucha gente”, me dijo. “Tenía información de que eso iba a ocurrir. El gobierno iba a generar violencia para que hubiesen varios venezolanos asesinados.” Cierto o no, la marcha no se realizó y Maduro se quedó con la presidencia.

“Lo critican por débil”, le dije. No tardó en responder. “Puedo tener muchos defectos pero no ser débil”, me dijo, “Yo soy un convencido de que los cambios en Venezuela los vamos a lograr pacíficamente.”

El dilema de Capriles es sencillo: él está convencido que ganó. Entonces ¿cómo saca del poder a los que le robaron la elección? Eso es lo difícil.

Descarta categóricamente un golpe de estado contra Maduro. “No creo en las salidas militares”, aclaró. Pero no se va a quedar con los brazos cruzados. “El hecho que seamos pacíficos no quiere decir que seamos pendejos”, dijo en un discurso en Miami. ¿Qué opciones le quedan? “Una constituyente, una enmienda a la constitución, un revocatorio”, me dijo. “Todas son opciones.” A largo plazo.

Capriles parece no tener prisa. Y eso desespera a muchos venezolanos de la oposición. Tiene 41 años y la convicción de que tarde o temprano va a ganar esta pelea.

Capriles nació para ser presidente. Pero antes debe demostrar que tiene la inteligencia y la fuerza para desatornillar del poder a los antiguos allegados, socios y amigos de Chávez.

Desde los 11 años de edad, me dijo, “le interesaba la política.” Lo ha sacrificado todo. No tiene esposa ni hijos. Fue elegido diputado a los 25 años de edad y ya a los 26 se convirtió en el venezolano más joven en ejercer como presidente de la Cámara de Diputados. Pasó cuatro meses en la cárcel luego del intento de golpe de estado contra Chávez en el 2002 pero fue absuelto de cargos –por supuestamente entrar a la embajada de Cuba sin permiso- en el 2006.

Perdió ante Chávez en su última elección antes de morir. Y dice que le ganó a Maduro. Pero rehúsa llamarse “presidente electo.” Explica: “Yo fui electo por los venezolanos el 14 de abril y no cobré la elección por el secuestro institucional que hay en el país.”

“Yo no soy Andrés Manuel López Obrador”, me dijo, refiriéndose al candidato presidencial mexicano que se autonombró “presidente electo” en el 2006 a pesar de que los resultados oficiales fueron en su contra. López Obrador tampoco reconoció el triunfo del actual presidente Enrique Peña Nieto en el 2012. En ambos casos denunció un fraude. “López Obrador, lejos de encontrar una salida, entró en una dinámica anárquica. Ese no es mi caso”, me dijo el ex candidato presidencial venezolano.

Al terminar la entrevista, Capriles me hizo una doble predicción. “Cambia Venezuela democráticamente y cambia Cuba democráticamente.” Quizás. Pero antes Capriles tiene la difícil tarea de llenar la chaqueta que lleva con los colores de la bandera de Venezuela.


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Estoy harto de los muertos

Jorge RamosEstoy harto de los políticos que no hacen nada para evitar más asesinatos. Estoy harto de los gritos de los que prefieren defender sus armas en lugar de proteger a las personas. Estoy harto de escribir esta misma columna cada vez que hay una nueva masacre en Estados Unidos. Estoy harto de que no pase nada… hasta la próxima matanza.

Los datos son los de siempre. Un tipo con problemas mentales agarra una o varias armas y mata a mucha gente inocente. El problema no es que existan personas con enfermedades mentales. Las hay en todas partes del mundo. El problema particular en Estados Unidos es que esas personas con un serio desbalance emocional tienen un acceso ilimitado a armas de fuego.

La última matanza en Washington D.C. siguió exactamente el mismo patrón. Durante casi una década Aaron Alexis había actuado con inusitada violencia. Una vez le disparó a las llantas del auto de un vecino. Otra, lo arrestaron a las afueras de un bar por una pelea. En una ocasión disparó al techo de su apartamento; dijo a la policía que fue un accidente mientras limpiaba su pistola; su vecina de arriba, aterrada, cree que él estaba molesto por el ruido que ella hacía y respondió con un balazo. Alguien así no debe tener armas de fuego. Punto.

Pero en Estados Unidos alguien así sí puede comprar perfectamente todas las armas que quiera. Hay lugares donde ni siquiera revisan antecedentes penales. Es más, puedes comprar sin restricciones un arma semiautomática, casi igual a las que se usan en la guerra. Y por internet te pueden enviar miles de balas. Todo sin hacerte una sola pregunta.

Cinco semanas antes de que Aaron Alexis entrara al centro de operaciones de la marina de Estados Unidos y matara a 12 personas, el asesino llamó a la policía. Dijo que se cambió de hotel tres veces porque tres personas lo perseguían y lo mantenían despierto enviándole vibraciones a través de un horno de microondas. Oía voces a través de las paredes, el piso y el techo.

A pesar de todo, la policía no hizo nada. No le quitó sus armas ni la marina le retiró el permiso de entrada a zonas restringidas. Su “derecho” a usar armas, amparado por la segunda enmienda de la constitución, prevaleció sobre el inminente peligro que él representaba. Era una matanza anunciada.

La primera masacre que me tocó cubrir en Estados Unidos fue en la universidad de Virginia Tech en el 2007. Un estudiante, Seung-Hui Cho, asesinó a 32 personas e hirió a otras 17. A pesar de haber sido diagnosticado con desorden de ansiedad, Cho pudo comprar dos pistolas semiautomáticas presentando su licencia de conducir y su tarjeta de residencia. Caminé por los mismos pasillos y salones que Cho sin entender cómo alguien así se pudo planear su ataque sin que ninguna ley se lo impidiera.

En ese momento creí, equivocadamente, que esa matanza era una excepción, un hecho aislado. No fue así. Aquí lo normal son las masacres.

En 1999 dos estudiantes mataron a 13 personas en la escuela secundaria Columbine, en Colorado. El año pasado 12 murieron por un tiroteo dentro de un cine en Aurora, también en Colorado. Y a finales del 2012 Adam Lanza mató a 27 personas, en su mayoría niños, en la escuela Sandy Hook de Newton, Connecticut. (Para pensar: todos estos asesinos han sido hombres. No hay mujeres.)

Después de cada cobertura especial, siempre pensé que Estados Unidos corregiría, cambiaría sus leyes y pondría múltiples restricciones a la compra y uso de armas de fuego. Me volví a equivocar.

Es un hecho absolutamente incomprensible para mí que la mayoría de los políticos de Estados Unidos haya preferido proteger el derecho histórico a portar armas a cuidar la vida de sus niños y civiles. Y no es que se trate de eliminar por completo la segunda enmienda de la constitución –un saludable debate 222 años después de instaurada- sino de imponer límites razonables para evitar más masacres.

¿Qué tiene de malo revisar los antecedentes penales e historial siquiátrico de todos los que compren armas, no permitir el uso de rifles de guerra, ni armamento semiautomático? Para cazar y cuidar tu casa no necesitas ese tipo de armas.

Está claro que países como Japón, que prohíbe que sus civiles usen armas de fuego, son mucho más seguros que Estados Unidos, que le permite a cualquier usarlas. Pero aquí nadie está escuchando. El congreso y la Casa Blanca ya están actuando como si nada hubiera ocurrido en el centro de la marina en Washington.

Cómo le ocurre a mucha gente cuando es sorprendida por un tiroteo, los líderes de esta nación han quedado paralizados. Una y otra vez. Es el comportamiento normal en este país después de cada masacre. No ven, no oyen, no hacen nada. Estoy harto de quejarme y de saber que todo seguirá igual. Hasta la siguiente matanza.


Sálvese Quien Pueda

Siria, la gran excusa

Jorge RamosLos congresistas de Estados Unidos, además de sufrir unos patéticos niveles de popularidad, tienen una bien ganada fama de no poder hacer dos cosas al mismo tiempo. No se trata de comer helado y jugar al yoyo, por ejemplo. O de dictar una carta mientras juegan ping-pong.

Mi gran temor es que vayan a dejar a un lado el debate sobre la reforma migratoria mientras se resuelve el conflicto con Siria.

Damasco, la capital siria, está a 9,458 kilómetros (5,877 millas) de distancia de Washington D.C. Pero estos últimos días parecería estar mucho más cerca del interés del congreso norteamericano que los 11 millones de indocumentados que vive en Los Ángeles, Houston, Chicago y Miami. El sentido de urgencia que hay respecto a Siria no existe sobre la reforma migratoria. Eso es muy preocupante.

Entiendo que lo que está ocurriendo en Siria es una masacre y un verdadero crimen contra la humanidad. También, como muchos, vi (en la BBC) los cuerpos de cientos de niños asesinados con sustancias químicas; sus caras estaban llenas de un polvillo blanco y sus cuerpos inundados de gigantescas ampollas. Murieron lentamente y con dolores insoportables. Solo el dictador Bashar Al-Assad tiene armas para ocasionar ese tipo de heridas en Siria. Comprendo que hay que hacer algo para evitar que vuelva a ocurrir. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la reforma migratoria en Estados Unidos?

Por principio, nada. Los 435 miembros de la cámara de representantes podrían, perfectamente, discutir y monitorear la situación en Siria y, al mismo tiempo, continuar el tan atrasado debate sobre la legalización de los inmigrantes sin papeles en Estados Unidos. Pero no lo van a hacer.

Siria se ha convertido en la gran excusa para retrasar e, incluso, aniquilar las posibilidades de una reforma migratoria este año. Las enormes consecuencias internacionales de un ataque a Siria le están dando a los Republicanos más conservadores el pretexto que buscaban para no darle un camino a la ciudadanía a los indocumentados.

“Desafortunadamente esto va a retrasar el debate sobre inmigración”, me dijo en una entrevista el influyente congresista Republicano, Raúl Labrador. “Y si no lo hacemos ahora en el 2013, no va a suceder en el 2014 (porque hay elecciones para el Congreso) y tendríamos que esperar hasta el 2015.” Labrador cree que el debate migratorio programado para este Octubre se tendría que retrasar hasta Noviembre y, ya para esas fechas, no habría tiempo suficiente para discutir y aprobar una multitud de polémicos y complicados asuntos (que van desde reforzar la frontera hasta otorgar miles de visas a trabajadores temporales).

No se trata de restarle importancia a Siria. La tiene. Tras el trágico error de la guerra en Irak, Estados Unidos no puede equivocarse con Siria. Además, la comunidad internacional tiene que encontrar una forma efectiva para lidiar con dictadores que matan a su propia gente. Hasta el momento no hay una fórmula que funcione.

Tiene que existir un camino distinto al de usar fuerza para acabar con la violencia. Eso solo genera más muertos y sangre.

Pero los hispanos y los inmigrantes en Estados Unidos se merecen un mejor trato. La última reforma migratoria fue en 1986 y en el 2007 murió por inanición una débil propuesta de legalización en el congreso. ¿Cuánto más tenemos que esperar?

Cada día, en promedio, el gobierno del presidente Barack Obama deporta a 1,400 indocumentados. Cada día. Dicen que tratan de deportar a criminales. Pero la realidad es que también deportan a padres y madres que solo quieren trabajar. Ningún gobierno estadounidense ha separado a más familias hispanas que el actual.

Obama, como todos sabemos, está empujando fuertemente por una reforma migratoria. Pero en la cámara de representantes, controlada por el partido Republicano, no hay ninguna urgencia para sacar adelante este asunto. Tablas. Y cuando hay tablas nada se mueve. Ahí estamos.

El conflicto con Siria solo endurece las posiciones políticas –a favor o en contra del presidente; a favor o en contra de un ataque- y le da tiempo a los Republicanos que no quieren una reforma para manipular un asunto que los perseguía y angustiaba. Ante la pregunta ¿por qué no han hecho nada sobre la reforma migratoria? su respuesta será: porque estamos lidiando con temas de vida y muerte en Siria.

Pero esa es una repuesta que no debemos aceptar.

En este mundo globalizado siempre habrá una crisis internacional al alcance de la mano. Y eso no nos debe paralizar. Los jóvenes de hoy en día son maestros del multitasking. Hacen varias cosas a la vez. (El otro día sorprendí a unos amigos de mis hijos viendo televisión, jugando con videos en su iPad, texteando en su celular, comiendo porquerías y conversando en dos idiomas. Todo al mismo tiempo.) Los congresistas de Estados Unidos tienen mucho que aprender de sus hijos.

Retrasar el debate sobre la reforma migratoria por el conflicto en Siria es, simplemente, una excusa inaceptable. Las cosas verdaderamente importantes no se retrasan. Siria e inmigración pueden y deben discutirse y resolverse antes que termine el año. Ese es, al final de cuentas, su trabajo. Chupar helado y jugar al yoyo, bueno, eso puede esperar.


Sálvese Quien Pueda

Surfear a los 55

Jorge RamosEl instructor no sabía lo que yo estaba haciendo ahí. Había llevado a mis hijos a surfear pero yo también quería aprender cómo pararse en una tabla y dejarse llevar por las olas. Todo es parte de un plan personal para no dejarme rebasar por el futuro. De lo que se trata es no terminar como una cámara Polaroid: inservible y recordando que el pasado color sepia fue mejor.

Me dieron una tabla de casi el doble de mi estatura y me pusieron a practicar…en la arena. Playa Tamarindo es espectacular, con atardeceres para no cerrar nunca los ojos y un mar fogoso. Dejé los juegos en la arena y rápidamente me enteré que el Pacífico no tiene nada de pacífico. Sobra decir que cuando te revientan en la espalda olas de dos y tres metros de alto, más que surfear lo mío era el buceo.

Al final les cuento cómo terminó mi aventura submarina. Pero mi lección costarricense fue que lo más peligroso en este mundo es dejar de moverse: física, intelectual y profesionalmente. El que no se mueve, literalmente, muere o desaparece.

Todos los días encuentro en la internet nuevos inventos y reglas. El común denominador es que nadie quiere esperar. El empleado recién contratado no está dispuesto a invertir 10 años en una empresa antes de aspirar al puesto del jefe. Lo quiere hoy. Si se te ocurre una nueva idea, la norma es ponerla en práctica lo antes posible y sin temor. Nuestra época está marcada por el fin del miedo. Se acabaron los tiempos de los temerosos y prudentes.

Apple, Microsoft y Amazon se han convertido en líderes del mercado por su compromiso a innovar y a nunca quedarse atrás. Más que defender lo que ya hicieron, están ocupados en adivinar y hasta dictar el futuro.

El columnista del diario The New York Times, Joe Nocera, nos recordaba hace poco como la empresa que produce los teléfonos Blackberry tenía en el 2009 el 22 por ciento de mercado. Su teclado y su tecnología a prueba de robos convirtió a los Blackberry en casi una necesidad corporativa. Pero en lugar de evolucionar y comprender que los consumidores querían una pantalla interactiva y miles de aplicaciones a su disposición, se quedaron con el viejo modelo. El iPhone, que salió al mercado en el 2007, los desplazó y hoy Blackberry apenas controla el 2.7 por ciento del mercado. Esto me recuerdan las cámaras Polaroid.

Polaroid era una empresa extraordinaria. Inventó en 1948 la primera cámara que podía imprimir instantáneamente sus fotografías. En 1963 imprimía ya a colores y en 1976 se vendieron más de seis millones de cámaras. A pesar de su tamaño, que hoy nos parecería gigantesco e incómodo, tener una Polaroid era símbolo de modernidad, sofisticación y eficacia. Era casi magia: hacías click y segundos después tenías una fotografía en tus manos.

Edwin Land, el creador de la primera Polaroid, estudió en Harvard pero no terminó su carrera. Prefirió concentrarse en sus inventos. (Décadas después Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, también dejaría Harvard para vendernos la idea de que la mejor manera de tener amigos es no verlos en persona y comunicarse con ellos por la internet.)

Land se retiró de la empresa en 1982 y algo terrible pasó en Polaroid. Dejaron que el futuro los rebasara. La tecnología de la fotografía digital, originalmente diseñada para usos médicos y militares, se extendió a todo el mundo y ya a principios de este siglo reemplazó los rollos de cámaras y las húmedas impresiones de las Polaroid. La empresa se fue a la quiebra en el 2001 y luego, otra vez, en el 2009 con muchos dueños de por medio.

Polaroid, en lugar de ser pionera de la nueva tecnología digital, prefirió defender su viejo modelo. Y perdió. Vivir de recuerdos es morir un poco. Tampoco pudieron imaginarse que hoy en día las cámaras fotográficas sean redundantes e innecesarias en un planeta dominado por teléfonos inteligentes. Polaroid cometió un doble suicidio profesional: se perdió la revolución digital y también la de los celulares. Así es imposible sobrevivir. Polaroid se hizo un dinosaurio.

Mi abuelo Miguel, nacido en 1900, me contaba con asombro cuando le tocó ver una plaza alumbrada por primera vez. Sobra decir que, para él, subirse a un avión era casi ciencia ficción. En su época los cambios se daban lentamente, se medían en décadas. Hoy no.

Google y Wikipedia han reemplazado los 20 pesados tomos de la Enciclopedia Británica que con tanto esfuerzo compró mi papá a insistencia de mi mamá. Las cartas y el servicio de correo están siendo desplazados por Facebook, fundado en el 2004, y Twitter que surgió en el 2006.

Uno de cada siete habitantes del mundo tiene cuenta de Facebook. ¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta de amor, la pusiste en un sobre con estampilla y la enviaste por correo? Netflix entendió el futuro mejor que las tiendas de video Blockbuster y las librerías Borders. Y Fusion, una cadena de televisión creada por ABC y Univision, sale al aire el 28 de octubre para la creciente y joven población latina que prefiere hablar inglés.

No podemos esperar a que el futuro nos alcance. Hay que estar adelante. Y la única manera de hacerlo es reinventándonos. Para eso es preciso estar dispuesto a aprender cosas nuevas. Por eso me puse a surfear por primera vez a los 55 años de edad. Tras un par de horas de intentos fallidos finalmente me levanté en la tabla y, tambaleando, recorrí unos 30 metros empujado por las olas. No hay mucho que presumir.

Al final de la tarde, como trofeo, me quise tomar una foto con mis hijos en la playa pero los celulares se habían quedado en el auto para no mojarlos. “Ojalá tuviéramos una Polaroid”, pensé. Pero no me atreví a decirlo en voz alta. Mis hijos seguramente hubieran dicho: “¿Qué es eso Papá?”


Sálvese Quien Pueda

Héroes de papel

Jorge RamosNo entiendo por qué Alex Rodríguez -uno de los mejores y más ricos beisbolistas del mundo- puso en riesgo su carrera, su fama, su dinero, su reputación, su legado y su historia personal por, supuestamente, inyectarse sustancias prohibidas.

¿De verdad lo necesitaba para ser un mejor jugador? ¿Por qué alguien tan poderoso puede hacer algo tan tonto?

Las ligas mayores de beisbol de Estados Unidos suspendieron a A-Rod por 211 juegos luego de acusarlo de inyectarse esteroides en la clínica BioGenesis de Coral Gables, Florida. La clínica ya cerró y Rodríguez apeló la suspensión. Pero la duda queda.

Ya es imposible saber si los jonrones que metió A-Rod en su notable carrera (con los Marineros de Seattle, los Rangers de Texas y ahora con los Yankees de Nueva York) fueron reales o simplemente fabricados con la ayuda de una jeringa. Tan difícil de saber cómo cuántos tours de Francia ganó el ciclista Lance Armstrong sin transfusiones de sangre y estimulantes ilegales.

¿Por qué lo hizo Rodríguez? No creo que sea por dinero. Ya cobró más de la mitad de los 275 millones de dólares del contrato por 10 años que firmó en el 2007. Aún si su suspensión culminara en su retiro del beisbol profesional, a A-Rod nunca le harán falta viajes en jet privado, casas ni corbatas.

A-Rod, quizás, lo hizo porque pensó que esa era la única manera de salir adelante. Y no está solo. Los 13 jugadores suspendidos la semana pasada son, todos, latinoamericanos o hispanos. De ese mismo grupo, nueve son dominicanos o de origen dominicano. (A-Rod nació en Nueva York de padres de República Dominicana.)

Hay más. Desde que las ligas mayores prohibieron en el 2004 el uso de estimulantes y hormonas, 36 de los 67 jugadores que han sido suspendidos son latinos o latinoamericanos, según el cálculo que hizo el diario The Miami Herald. Los hispanos o de origen latinoamericano fueron el 27 por ciento de todos los jugadores en las grandes ligas en la temporada del 2012, de acuerdo con el Instituto Tides, pero son más de la mitad de todos los suspendidos por inyectarse drogas ilegales.

¿De verdad los beisbolistas latinos se drogan más que los que no son hispanos? Los números no mienten. Sería tentador (y falso) decir que las investigaciones médicas se han centrado injustamente en jugadores latinos y que, por lo tanto, han sido identificados y acusados solo por su color de piel. La realidad es que se ha investigado a todo tipo de jugadores y los nuestros no salieron bien parados.

Es mucho más honesto decir que nuestros jugadores ven al beisbol como una manera de salir de la pobreza y que sufren presiones desproporcionadas –de agentes, anunciantes, clubes, familiares y extorsionistas- para superar sus records y rendimiento deportivo y, al mismo tiempo, aumentar sus cuentas de banco y las de todos los que los rodean. Reafirma, también, su convicción de sobresalir y buscar el reconocimiento cueste lo que cueste. Es una cultura que tolera la trampa y en que se vale cualquier cosa con tal de salir adelante. Eso no justifica su conducta pero la explica.

No hay nada más angustiante para un deportista que ya no es pobre ni anónimo que la posibilidad de regresar humillado, e incapacitado física y económicamente, al lugar donde salió. Esa es su peor pesadilla. Es, como dicen en México, regresar con la cola entre las patas.

Si A-Rod nunca hubiera utilizado sustancias prohibidas, como se le acusa, ¿podría haber logrado la adulación, los records y la riqueza que tiene actualmente? Nunca lo sabremos. Pero su gran temor es regresar a ser simplemente Alexander Emmanuel Rodríguez de Washington Heights en Nueva York y no la estrella que, antes de este escándalo, muchos admiraban.

El problema no es solo A-Rod sino, también, los miles de jóvenes latinos que lo han idealizado. A-Rod, con sus sorprendentes hazañas deportivas como bateador, short stop y tercera base, le hizo creer a muchos que el beisbol era la manera más rápida y fácil de salir de la pobreza y encontrar la fama. Y eso es falso. Hoy sabemos que, aunque no hay garantías, la universidad es el camino más directo a una vida buena y digna.

Ser héroe ya no es lo que era antes. Los héroes de mis libros de texto cambiaron países y dieron la vida por su gente; igual Benito Juárez y Simón Bolívar que Nelson Mandela y el Dalai Lama. Pero ahora, en la cultura de la satisfacción inmediata, hemos improvisado como héroes a beisbolistas, ciclistas, golfistas, cantantes, actores, soldados, policías y personajes de la televisión que están muy lejos de ser un ejemplo a seguir.

Así, la caída de A-Rod es tanto su culpa como la nuestra. Eso nos pasa por escoger a héroes de papel.


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“No se admiten perros ni mexicanos…”

Jorge RamosLa discriminación se extendía también a judíos y afroamericanos. Hoy ya no hay esos letreros. Pero el racismo, la discriminación y la segregación siguen presentes contra los latinos e inmigrantes en este país.

El congresista republicano de Iowa, Steve King -uno de los más fieros oponentes a la reforma migratoria- fue acusado por blogs y organizaciones hispanas de comparar a inmigrantes con perros durante una reunión comunitaria en mayo del 2012. El congresista insiste en que eso no es cierto, que se trata de una campaña de grupos liberales para desacreditarlo y para dividir al país.

Lo único indiscutible es que el congresista utilizó las palabras “inmigrantes” y “perros” en el mismo párrafo. Lo que para él fue un discurso en que “celebraba” la importancia de los inmigrantes legales y la posibilidad de atraer a Estados Unidos a los mejores del mundo, para otros fue un comentario ofensivo y hasta racista. (Aquí está mi entrevista de televisión con el congresista King y el video que generó esta controversia.)

Desde luego, no ayuda en nada al partido Republicano el que uno de sus miembros más extremistas y mediáticos tenga que defenderse de este tipo de acusaciones. Los Republicanos deberían estar haciendo noticias por su apoyo a los indocumentados. Pero, en cambio, están a la defensiva por oponerse en la cámara de representantes a un plan global –como el aprobado en el Senado- para legalizar a 11 millones y darle un camino a la ciudadanía.

Tampoco ayuda que el congresista King, recientemente, haya insultado a los Dreamers (estudiantes indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos cuando eran niños y que gozan de un enorme apoyo entre los latinos). “Por cada estudiante graduado con honores”, dijo King en una entrevista con el sitio Newsmax, “hay otros 100 que tienen las pantorrillas como melones por llevar cargamentos de mariguana de 75 libras de peso a través del desierto”. Absurdo. No hay absolutamente ninguna base para comparar a estos estudiantes con narcotraficantes.

Los Republicanos en la cámara de representantes no parecen captar la urgencia que el tema migratorio tiene en la comunidad hispana. Para los latinos esto es algo personal. El apoyo a una reforma migratoria es, según las encuestas, casi universal entre los hispanos. Y los 16 millones de votantes latinos que participarán en elecciones presidenciales del 2016, sin duda, castigarán al partido que se oponga a esa reforma.

Por un tiempo, la culpa la cargó el presidente Barack Obama por no cumplir una promesa migratoria hecha en el 2008. Pero Obama y el partido Demócrata ya corrigieron. Y ahora la culpa, claramente, está cayendo en los Republicanos y en su líder en la cámara de representantes, John Boehner, por su falta de acción.

No aprobar una reforma migratoria –para integrar a millones de inmigrantes a la sociedad- va en contra del principio estadounidense de tratar a todos como iguales. “Todos los hombres fueron creados iguales”, dice su acta de independencia.

La legalización sería solo el primer paso para no ser perseguidos en Estados Unidos. Pero falta mucho más. No hay duda que, todavía, hay claras muestras de racismo y discriminación en contra de los latinos en este país.

Es curioso que una mayoría de los hispanos encuestados por el Pew Research Center (57%) estén “insatisfechos” con el veredicto que absolvió a George Zimmerman por la muerte del joven afroamericano de 17 años, Trayvon Martin. Esto es sorprendente ya que Zimmerman es hispano –su madre es peruana.

En este caso, los hispanos claramente se pusieron del lado de los afroamericanos y de la víctima, Trayvon Martin. Si algo comparten hispanos y afroamericanos es la percepción de ser discriminados y de que la justicia no se aplica igual para todos.

Comparar a inmigrantes con perros y a estudiantes latinos con narcotraficantes es una clara muestra de prejuicio racial. El problema para el partido Republicano es que estas comparaciones que le achacan al congresista King no son hechos aislados.

A estos comentarios tan desafortunados hay que sumarle las persecuciones del sheriff Joe Arpaio a indocumentados solo por la forma en que se ven (según las acusaciones del Departamento de Justicia), la negativa de la gobernadora de Arizona de dar licencias de conducir a los dreamers, la propuesta de su candidato presidencial Mitt Romney de “autodeportar” a millones de inmigrantes y, la última, la negativa del líder Republicano John Boehner de poner a votación la reforma migratoria en la cámara de representantes.

Es decir, el partido Republicano tiene un enorme problema con la comunidad latina y a menos que deje atrás el asunto de la reforma migratoria, están condenados a perder elección tras elección. No, ya no hay letreros que prohíben la entrada de perros e inmigrantes a muchos lugares en Estados Unidos. Pero varios miembros del partido Republicano insisten en mantener la puerta cerrada.


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Cómo perder la Casa Blanca en el 2016

Jorge RamosEs facilísimo!

No hay que romperse la cabeza. Lo único que tienen que hacer los Republicanos en la Cámara de Representantes es votar en contra de la reforma migratoria o boicotear el proceso. Es todo. Con eso basta para que su candidato -el que sea- pierda las elecciones presidenciales en Estados Unidos en el 2016.

A veces parecería que los congresistas Republicanos están siguiendo al pie de la letra un plan ideado por su peor enemigo y que consiste en atacar e insultar al grupo político de más rápido crecimiento en el país: los hispanos. En lugar de aprovechar el enorme avance que lograron los Republicanos en el senado aprobando la legalización de la mayoría de los 11 millones de indocumentados, muchos miembros del partido Republicano en la cámara de representantes se han dedicado en los últimos días a echarlo todo a perder.

A veces da la impresión que algunos de ellos tienen un particular gusto por sonar como anti-inmigrantes y prejuiciados. Quizás eso les da votos en las remotas partes del país donde no viven muchos extranjeros, pero es de una ceguera política impresionante. No se dan cuenta que su odio puede ayudarles a ganar un distrito en Alabama, Arizona o Alaska pero, al mismo tiempo, les garantiza una terrible derrota electoral a nivel nacional en tres años.

El propio ex presidente George W. Bush rompió su voto de silencio en una entrevista para tratar de convencer a otros Republicanos como él a que voten a favor de un camino a la ciudadanía para los indocumentados.

“Es muy importante arreglar un sistema que está roto, tratar a la gente con respeto y tener confianza en nuestra capacidad de asimilar a más personas”, dijo a la cadena ABC.

Bush tiene razón en eso. Lástima que cuando él fue presidente no tenía esa misma urgencia para aprobar una reforma migratoria. Cuando la propuso en el 2007 fue demasiado tarde y ya se había acabado todo su enorme capital político.

Bush también dijo en la entrevista que “la razón para pasar una reforma migratoria no es salvar al partido Republicano.” Pero ahí W. peca de ingenuidad. A los Republicanos les urge quitarse ese tema de encima. Mitt Romney perdió la pasada elección presidencial por su absurda y tonta idea de “autodeportar” a millones de indocumentados.

El líder de la cámara de representantes, John Boehner, no ha aprendido las lecciones de la historia reciente. Como decía un viejo sacerdote en mi escuela secundaria: “Ve la tempestad y no se hinca”. Si Boenher, como amenazó recientemente, se rehúsa a llevar este tema a votación, estaría cometiendo un verdadero suicidio político para su partido.

Es muy desconcertante y desafortunado que Bohener, en un comunicado, haya llamado “equivocada” y “apurada” la propuesta migratoria del senado. Parece estar desconectado de lo que quiere la mayoría del país, según las encuestas, después de casi tres décadas de espera.

¿De verdad Bohener quiere ser el nuevo villano de la comunidad hispana reemplazando al odiado sheriff Joe Arpaio? ¿En serio quiere ser parte del tristemente célebre grupo anti-inmigrante conformado por Pete Wilson, Tom Tancredo, Jan Brewer y Ted Cruz? Ya lo veremos.

Mientras tanto, vamos a ponerle un poquito de aritmética e historia al argumento de que los Republicanos perderán la Casa Blanca si boicotean la reforma migratoria. En el 2000 un pequeño grupo de votantes hispanos hizo que Bush ganara la Florida y la presidencia. En el 2004 Bush sacó 44 por ciento del voto latino y repitió en la Casa Blanca. En el 2008 un 67 por ciento de votantes hispanos ayudó a elegir al primer presidente afroamericano y en el 2012 Obama arrasó con el apoyo de 71 de cada 100 votantes hispanos.

En el 2016 los Republicanos tienen la oportunidad histórica de compartir el crédito con los Demócratas en el tema de la reforma migratoria y dejar atrás una maldición de años. Diez y seis millones de votantes latinos decidirán esa elección.

Pero si, a pesar de todo, los Republicanos apelan a los instintos anti-inmigrantes de los más extremistas, perderán la Casa Blanca en el 2016 y se tardarán muchos años más en conseguir el perdón de los latinos. Como dice un sabio dicho mexicano: Sobre advertencia no hay engaño.


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