César Chávez en la Casa Blanca

Jorge RamosAl menos ocho presidentes pudieron invitarlo -Kennedy, LBJ, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush Sr. y Clinton- pero no lo hicieron. Quizás porque Cesar hacía sentir muy incómodos a los poderosos. O tal vez porque le tenían miedo a alguien que había nombrado a sus perros “Boycott” y “Huelga”.

Una de las mejores cosas de Estados Unidos es esa voluntad de disculparse públicamente y de corregir errores. Por ejemplo, estoy seguro que, tarde o temprano, este país rectificará el gravísimo error de haber deportado a dos millones de personas en 6 años y el haber esperado casi tres décadas para legalizar a la mayoría de los 11 millones de indocumentados. Eso vendrá. Pero lo que ya ocurrió fue la invitación de Cesar Chávez a la Casa Blanca.

Hace unos días el presidente Barack Obama invitó a los actores de la nueva película “Cesar Chávez” -Michael Peña, America Ferrera y Rosario Dawson- y a su director, Diego Luna, a la Casa Blanca. Junto a ellos estaban Dolores Huerta -la principal aliada de Chávez en el sindicato de campesinos UFW-, Paul Chávez -el sexto de los ocho hijos del líder- y una docena de familiares. Yo estaba de testigo y aquello fue una fiesta. Cesar Chávez, por fin (y aunque de manera simbólica, en un film), había llegado a la Casa Blanca.

Esta es, curiosamente, la primera película que se hace de este héroe hispano. Alguna vez, en los años setentas, Robert Redford se acercó a Chávez para hablar de un posible proyecto pero no se concretó nada. Qué bueno; esa podría haber sido una caricatura de Hollywood.

El Chávez – de carne y hueso, pragmático, inspirador pero lleno de defectos, estudioso del poder, casi Ghandi, terco, celoso y visionario- que nos presenta Diego Luna es el de verdad. Así se lo dijo Dolores Huerta a Rosario Dawson, y su esposa Helen Chávez a America Ferrera y Paul Chávez a mí. A Paul casi se le salen las lágrimas mientras me lo decía; debe ser muy duro ver en una pantalla a tu papá y no poder tocarlo y abrazarlo.

La magia de Chávez radica en haber defendido y organizado a los más discriminados y vulnerables de Estados Unidos: los campesinos. El les llamaba “los menos”. Y al hacerlo abrió el camino para la creciente comunidad latina que tendrá 150 millones de habitantes en el 2050. “Hemos visto el futuro”, dijo Chávez en un discurso en 1984, “y el futuro es nuestro”.

No recomiendo muchas cosas pero hay que ver la película sobre Chávez y leerse la extraordinaria y minuciosa biografía que acaba de publicar Miriam Pawell “The Crusades of Cesar Chávez”. Son dos maravillosas miradas hacia atrás pero, también, una hoja de ruta.

Creo que nuestra presente fascinación con Cesar Chávez radica en que los latinos somos cada vez más y tenemos urgentes problemas por resolver pero no existen suficientes líderes que hablen por nosotros. Hay, por ejemplo, solo tres senadores hispanos.

Pero aún sin Chávez se puede luchar como él. El “sí se puede” de Chávez y de Dolores Huerta –y que luego usó Barack Obama para su campaña electoral- es, en tres palabras, una filosofía para el éxito. Es el sueño americano condensado a su mínima expresión.

¿Qué haría hoy Cesar Chávez? muchos se preguntan, si no hubiera muerto prematuramente a los 66 años. Bueno, mágicamente se ha multiplicado en miles. Ese Chávez y su movimiento son la inspiración para los Dreamers de hoy en día, para los hispanos que rompen las barreras y tieneéxito en política, abriendo negocios y en el arte, y también para quien pronto será el primer presidente latino o presidenta.

Algo curioso ha pasado con Cesar Chávez. Nos ha hecho tanta falta por tanto tiempo que, de alguna manera, ahora ya es parte de todos nosotros.


Cada semana estamos rifando iPads, Laptops, TVs cada semana y la rifa de un Nissan Versa Note en Agosto del 2015

Chapos, chapitos y mariguaneros

Jorge RamosLa última vez, en el 2001, sus carceleros se quedaron enojados porque se salió sin avisarles. No volverán a cometer el mismo error. Pero la mala noticia es que ya hay competencia para reemplazar a El Chapo y que aquí en Estados Unidos existen más mariguaneros que nunca.

No es para lloverle a la fiesta del presidente de México, Enrique Peña Nieto, pero su gran éxito al detener a El Chapo tendrá un efecto mínimo –o quizás hasta contraproducente- en la guerra contra los narcos. La estrategia de perseguir a los líderes de los carteles de las drogas no genera paz ni seguridad. Se arresta a un Chapo y, al rato, aparecen más Chapitos. Esa es la regla del este mortal juego.

Los globos de la fiesta están a punto de desinflarse. En enero de este 2014 fueron asesinadas 1,366 personas en México (según cifras oficiales) y hubo 132 secuestros. Estas cifras son casi las mismas que las de enero del año pasado y, para nuestra desgracia, serán casi iguales en este marzo, abril, mayo…

Es decir, el arresto de El Chapo no afectará en nada el negocio de traficar con drogas. ¿Por qué? Muy sencillo, porque aquí en Estados Unidos están comprando y consumiendo drogas con singular alegría.

Los estados de Colorado y Washington son un carnaval. Cualquier mayor de 21 años puede comprar legalmente mariguana para ponerse high. Y mientras tanto miles de mexicanos, centro y sudamericanos están muriendo absurdamente para que esa mariguana y otras drogas no lleguen a Estados Unidos. Es una guerra perdida.

En el 2012 había 18.9 millones de estadounidenses que usaban mariguana, según el National Survey on Drug Use and Health. Esto es un considerable aumento de los 14.4 millones que fumaban mariguana en el 2007. Y lo peor es que, con las nuevas leyes en Colorado y Washington –más otros 18 estados que permiten el uso medicinal de la mariguana- el consumo para el 2014 se van a disparar.

Bueno, ya hay tanta gente que fuma mariguana en Estados Unidos que a nadie le extrañó que el propio presidente Barack Obama reconociera públicamente, frente a un grupo de jóvenes afroamericanos, que cuando él era adolescente también uso drogas. “I got high”, dijo.

Hay tanta gente aquí que usa mariguana que, pronto, el término “mariguanero” dejará de ser peyorativo. “Mariguanero” será una palabra más cercana al catador de vinos que al delincuente. Es algo cada vez más común y aceptado socialmente.

Pero es precisamente esta demanda de mariguana y otras drogas en Estados Unidos lo que está matando a tanta gente en América Latina. No tiene ningún sentido morirse al sur de la frontera para impedir que pasen las drogas cuando al norte, lejos de detener su consumo, lo toleran, lo legalizan y hasta cobran impuestos.

Si a los que fuman mariguana en Estados Unidos le sumamos los que se meten cocaína, heroína y otras sustancias ilícitas, llegamos a la cifra de 23.9 millones de norteamericanos que, regularmente, se drogan (de acuerdo con los últimos datos del 2012).

Debido a esos consumidores de drogas en Estados Unidos surgió El Chapo. Por eso hay una guerra de carteles en México. Por eso más de 18 mil mexicanos fueron asesinados el año pasado y más de 60 mil perdieron la vida en el sexenio anterior.

Si la mariguana fuera legal en todo el continente es posible que El Chapo, en lugar de estar en la cárcel, hubiera sido el billonario CEO de una corporación transnacional. Y miles, también, no hubieran muerto en esta guerra absurda. Pero esto, lo reconozco, es ficción.

La realidad es que El Chapo es un criminal, nos seguiremos muriendo en América Latina tratando inútilmente de parar a los narcos y los estadounidenses continuarán drogándose. Pero no me dejen echarles a perder su día. Como canta Pitbull, “que no pare la fiesta” y que sigan las celebraciones por la captura de El Chapo.


Sálvese Quien Pueda

La salida en Venezuela

Jorge RamosQuién puede apoyar un régimen que mata estudiantes, encarcela opositores, arma a grupos paramilitares y luego, para esconder la pedrada, censura la televisión y los medios de comunicación? Esta es la pregunta en Venezuela.

Cuando los venezolanos hablan de “una salida” se refieren, fundamentalmente, a dos cosas. Una, cómo salir de la peor inflación del continente –más del 60 por ciento-, de la constante devaluación de su moneda, de una escasez generada por una inútil burocracia, y de una de las más altas cifras de criminalidad en el mundo –más de 24 mil asesinatos en el 2013. Y dos, cómo salir del gobierno autoritario y represivo de Nicolás Maduro. Esto último es lo más difícil.

Ningún demócrata puede apoyar un golpe de estado ni la violencia. En casi todo el mundo lo condenarían. Y el mandato de Maduro es hasta el 2019, aunque haya ganado con trampa las elecciones. La oposición venezolana lo sabe y no quiere cometer el mismo error del golpe militar del 2002 contra Chávez. Un golpe es un golpe es un golpe.

Maduro –que no es Chávez aunque copie su forma de hablar, sus gritos, sus insultos y hasta lo vea en forma de “pajarito”- puso el dilema legal de la siguiente manera: “Si la oposición quiere salir de mí, que junten las firmas para el plebiscito revocatorio del 2016.”

El ex candidato presidencial, Henrique Capriles, de alguna manera, aceptó las reglas del juego impuestas por los chavistas. “Nuestro foco es que los problemas del país se resuelvan”, dijo en una entrevista con CNN en Español. “Esto no es un ‘Maduro vete ya’”. El no cree que los sectores populares apoyen una salida de Maduro.

Pero los líderes opositores, Leopoldo López y la asambleísta María Corina Machado, sí quieren que Maduro se vaya. Ya. “Tenemos que construir una salida a este desastre”, dijo Leopoldo minutos antes que lo arrestaran soldados de Maduro, acusado absurdamente de incitar a la violencia durante las protestas del 12 de febrero. Las armas las tiene solo el gobierno.

Leopoldo y María Corina nunca estuvieron de acuerdo con Capriles cuando él suspendió una marcha tres días después del fraude electoral en abril del 2013. Capriles tenía información fidedigna de que en esa marcha habría muertos. Pero Leopoldo y María Corina creían que había que defender su triunfo electoral y ganar la calle. Ganó la prudencia… y Maduro.

Hasta que el pasado 12 de febrero Maduro cometió un gravísimo error, que le puede costar el puesto: le ordenó (o al menos, le permitió) a la guardia nacional bolivariana, a la policía y a grupo paramilitares que dispararan contra una manifestación pacífica de estudiantes. Tres personas murieron ese día y unas 60 resultaron heridas.

Muchos más han sido asesinados y heridos en protestas posteriores. A pesar de la censura oficial de los medios, a través de Twitter se han difundido cientos de videos donde se ve a uniformados disparando a jóvenes y estudiantes desarmados. Twitter es la nueva televisión. Maduro lo controla todo. Pero no al pajarito azul símbolo de Twitter.

Con ese hecho surgió la razón legal para destituir a Maduro: no puede ser presidente alguien que mata a sus jóvenes, que reprime violentamente manifestaciones, que arma y financia grupos fuera de la ley, y que censura y calla a los medios de comunicación. No puede ser presidente alguien que viola los derechos humanos y asesina a quienes debería proteger. Maduro ha entrado al club de Pinochet y los Castro.

América Latina se ha portado muy mal con Venezuela. Casi todos sus líderes mantienen un cómplice silencio. Un triste ejemplo: el presidente de México, Enrique Peña Nieto, que llamó “líder moral” a Fidel Castro en Cuba, no se atrevió a condenar junto a Barack Obama los violentos abusos de Maduro durante la pasada reunión cumbre trilateral en Toluca. Peña Nieto se quedó calladito. Y la OEA duerme o se esconde.

Esto lo que quiere decir es que los venezolanos, sin ayuda de afuera, tendrán que buscar una salida para Venezuela. El cambio viene de dentro. Lo viejo y podrido está muriendo pero lo nuevo no acaba de nacer. Y si sirve de consuelo, basta que sepa en Venezuela que no están tan solos como creen. Están a un click de distancia.


Sálvese Quien Pueda

Un gran cuento

Jorge RamosramosEs un gran cuento. El partido Republicano le hizo creer, por un momento, a los hispanos y a los inmigrantes que realmente quería una reforma migratoria para este año.

Pero, la verdad, es que todo parece indicar que no va a pasar nada. El final del cuento es que los inmigrantes indocumentados se quedarán sin legalización por mucho tiempo más y los Republicanos se volverán a quedar sin la Casa Blanca en el 2016.

Es todo un juego político. El año pasado, el Senado (con mayoría Demócrata) aprobó una propuesta de reforma migratoria. El punto central era legalizar a la mayoría de los indocumentados y darle un camino a la ciudadanía. Llegó, entonces, el turno de la Cámara de Representantes, dominada por los Republicanos, y ahí todo se echó a perder.

Después de muchos titubeos y consultas internas, el partido Republicano
dio a conocer hace unos días una “lista de principios” sobre inmigración. La lista incluía, como era suponerse, más seguridad en la frontera, más visas, más verificación en los empleos, más registros de entradas y salidas de visitantes. Pero lo importante es que le daría un “estatus legal” a la mayoría de los indocumentados.

Muchos creímos que el debate había, por fin, comenzado. Por todos lados se hablaba de una solución intermedia, es decir, darle a los indocumentados la legalización sin camino a la ciudadanía. Bueno, hasta el presidente Obama dijo en una entrevista a CNN que él no vetaría esa opción.

Pero de pronto, todo se paró: Mitch McConnell, el líder Republicano en el Senado dijo que el asunto migratorio no se podía resolver este año; el congresista del Tea Party, Raúl Labrador dijo que si el líder en la Cámara de Representantes, John Boehner, llevaba el tema a votación debería perder su puesto; y Boehner, cediendo a la presión, dijo que tenía serias dudas de que el 2014 fuera el año de la reforma migratoria.

Inmediatamente, todos los Republicanos (entrenados en sus talking points) empezaron a culpar al presidente Obama por el fracaso de la reforma. Sí, efectivamente, Obama no cumplió su promesa migratoria en el 2009. Pero que no quede duda: la culpa de que no haya reforma migratoria en el 2014 es del partido Republicano y de su líder John Boehner. Ni siquiera se atrevieron a llevar el tema a votación.

Su cálculo político es que en el 2015 podrían revivir el tema. Pero se equivocan. Estaremos en la mitad de una brutal campaña por la presidencia. Nadie va a querer lidiar con migración ese año.

Lo más grave para los Republicanos es que en el 2016 van a perder a la mayoría de los 16 millones de votantes hispanos y, seguramente, también perderán la Casa Blanca. Este tema los va a perseguir como un fantasma.
Ahora, el presidente Obama también pierde por la falta de acción de los Republicanos. En los próximos meses va a crecer enormemente la presión para que detenga las deportaciones de miles de indocumentados que no hayan cometido crímenes. El dice que no tiene la autoridad para hacerlo.

Pero muchos abogados, como él, creen que sí la tiene. El argumento es el siguiente: si pudo detener las deportaciones de los Dreamers –con la llamada acción diferida- también lo puede hacer con sus padres, hermanos, vecinos y compañeros de escuela y trabajo.

Hay una grave contradicción en la postura del presidente Obama. Dice que quiere una reforma migratoria pero, al mismo tiempo, ya ha deportado a casi dos millones de inmigrantes que se hubieran beneficiado de esa medida. No puede decir: “te quiero en este país” y luego enviar a unos agentes migratorios a deportarte. Sus acciones contradicen sus palabras.

Mientras, la situación de los indocumentados se vuelve desesperante. Un presidente los quiere deportar mientras el único partido que puede hacer algo para legalizarlos les da la espalda. Este no es el sueño americano que ellos se imaginaron al venir. Es un gran cuento.


Sálvese Quien Pueda

El mundo según Bill Gates

Jorge RamosEl fundador de Microsoft y uno de los hombres más ricos del mundo, no le hace caso a las malas noticias.
De hecho, durante una entrevista en una friísima mañana neoyorquina, él tenía dos buenas noticias: una, el mundo está mucho mejor que antes y, dos, no, no está tirando su dinero.

Empecé con lo más obvio. ¿Cuánto dinero tiene? le pregunté. Más de 70 mil millones de dólares, me dijo. Además, ya ha donado –a través de la Fundación de Bill y Melinda Gates- más de 28 mil millones. Su plan es donarlo casi todo antes de morir. “Mis hijos han tenido una gran educación y seremos generosos con ellos”, me dijo este padre de 58 años de edad, “pero el dinero le pertenece a la sociedad e invertiremos en descubrimientos y programas que realmente ayuden al mundo.”

Gates es un hombre de números. Hace décadas vio el futuro y diseño los programas de computación que hoy dominan el planeta. Así hizo su dinero. Y aunque todavía es el chairman de Microsoft, hace años que dedica la mayor parte de sus días a ver como regala su fortuna.
¿Cuántas vidas ha salvado? “El trabajo que hemos hecho ha salvado 8 millones de vidas”, me cuenta sin subir el tono de la voz. “Y lo hacemos inventando nuevas vacunas…y ayudando a que esas vacunas lleguen a los niños más pobres.”

A pesar de esto, sus críticos aseguran que los Gates tiran su dinero, ayudando a países donde hay dictadores y sin efectos económicos a largo plazo. Y se lo dije: muchos creen que usted es un hombre bueno pero que está desperdiciando su fortuna. No estuvo de acuerdo.

“Yo me metí en esto con toda libertad y doy mi dinero de la manera que yo quiero”, me explicó. “Creo mucho en análisis y medidas. He visto estos programas de salud y agricultura y he decidido que es dinero bien gastado”.

Sí, dinero bien gastado a pesar de la corrupción. Para Gates, la corrupción ocurre en todos lados –incluyendo Illinois y Nueva Jersey- y es “como un pequeño impuesto y todos los programas de gobierno están sujetos a eso.”

Gates es agnóstico y, por lo tanto, no ayuda con la esperanza de irse al cielo. De hecho, me dijo que si el cielo existiera él estaría “gratamente sorprendido.” Su filantropía “no está basada en la idea del más allá. Creo que aquí en la tierra hay muchas vidas que podemos salvar… Es desafortunado que la gente no ve lo que hemos avanzado en los últimos 25 años; la pobreza se ha reducido, la gente vive más tiempo y el mundo se está convirtiendo en un mejor lugar.”

En la carta anual de su fundación, Gates hace una predicción: “En los próximos 20 años habrá ya muy pocos países muy pobres y de bajos recursos.” Pero según Gates esos cambios ya se notan, basta con ver las opciones que tenemos en los supermercados, el acceso a agua potable, a medicinas, a nuevos trabajos y la ventana al mundo en las redes sociales y medios de comunicación.

Las buenas noticias, me dice, son más difíciles de cubrir. Muchos creen que más gente muere en desastres naturales. “Es la naturaleza de las noticias”, asegura. La realidad es que más niños mueren por diarrea o enfermedades respiratorias fáciles de curar. Pero la buena noticia es que millones de vidas se han salvado con vacunas y acceso a cuidados de salud. Eso es lo que no aparece en la televisión o en la internet. Eso es lo que, generalmente, no cubren los periodistas.

Una de las cosas que más me sorprendió de Bill Gates es su absoluta certeza de que el mundo se puede mejorar. Sigue siendo un joven soñador. El se ha dado cuenta que sus billones han servido para algo.

Pero para este hombre que lo puede tener todo ¿hay algo que el dinero no pueda comprar? Aparentemente lo hay. “Uno siempre tiene la esperanza de que tus hijos (Jennifer 18, Rory 16 y Phoebe 11) tengan una carrera que verdaderamente les guste”, reflexionó, “o que tengan una gran pareja. Pero no tiene ningún sentido preocuparse por eso.”

Exacto. Bill Gates es un hombre muy pragmático. No se preocupa por las cosas que no puede cambiar. En los últimos años se ha concentrado en las cosas que sí puede cambiar. Veintiocho mil millones de dólares después, ya ha salvado ocho millones de vidas.
Y aún le quedan por gastar otros 70 mil millones más. Es su convicción de que aquí en la tierra se puede construir un pedacito del cielo.


Sálvese Quien Pueda

Los muertos de Maduro

Jorge RamosChavistas, maduristas y su ejército de troles en el internet aseguran que esas cifras son invenciones de pitiyanquis y lacayos del imperio. No lo son. Es la triste realidad que se vive en Venezuela. Y las cosas están empeorando con Nicolás Maduro al frente del gobierno.

El brutal asesinato de la ex Miss Venezuela, Mónica Spear, ha hecho que pongamos los ojos en uno de los países más violentos del mundo. La última vez que el planeta se fijo colectivamente en Venezuela fue tras la muerte en marzo del comandante Hugo Chávez. Pero en esta ocasión, la muerte de Mónica no estaba anunciada.

La actriz, de solo 29 años, había regresado de visita a Venezuela luego de su trabajo en una telenovela en Miami. Viajaba por carretera cerca de Valencia con su ex esposo Thomas Henry Berry, un irlandés enamorado de Venezuela, y con su hija de cinco años de edad, Maya.

El carro se descompuso, una grúa llegó a ayudarlos y cinco desconocidos
se les acercaron. Mónica y su familia se encerraron en el vehículo pero las balas fácilmente traspasaron los vidrios matando a los padres e hiriendo a la niña en una pierna. Maya aparentemente dormía cuando ocurrió el asalto. Más tarde le contó a su abuelo que, tras oír los disparos y sentir el dolor en su pierna, trató de “despertar” a sus papás pero ninguno de los dos se movió.

La noticia de la muerte de Mónica y su esposo se convirtió en trending topic en Twitter y saltó muchas fronteras mediáticas. ¿Por qué? Sí, es cierto, porque se trataba de una “celebridad”. Pero también por lo brutal y absurdo de su muerte; porque se trataba de una venezolana que -contrario a los consejos de amigos y familiares- regresó a su país y porque el hecho destaca la enorme corrupción, impunidad y descomposición que existe dentro del gobierno de Nicolás Maduro.

Vamos a los datos. Venezuela es más peligrosa y violenta que Irak. En el 2013 murieron más civiles en Venezuela (24,763) que en Irak (7,818). Para que no haya dudas, las fuentes son el Observatorio Venezolano de la Violencia y UNIRAQ, la agencia de Naciones Unidas. A pesar de que Venezuela no está en guerra, el año pasado ahí murieron tres veces más civiles que en Irak.

Hay más. Las cosas están empeorando con Nicolás Maduro. En el 2012, cuando Chávez todavía gobernaba, hubo 21,692 asesinatos en Venezuela. Con Maduro esa cifra aumentó 14 por ciento. Conclusión: con Maduro hay más asesinatos que con Chávez. Hay un enorme vacío de poder y el país se le está yendo entre los dedos. Inflación, crimen y el valor del dólar en el mercado negro crecen sin control.

Venezuela es el quinto país más violento del mundo (después de Honduras, El Salvador, Costa de Marfil y Jamaica) según un estudio del Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas. Incluso, más violento que México, un país plagado por el narcotráfico. México, con 118 millones de habitantes, tuvo 17 mil homicidios en el 2013. Venezuela, una nación de 28 millones de habitantes, tuvo siete mil muertos más que México en el mismo período.

El gobierno de Nicolás Maduro ha culpado a los medios internacionales por “politizar” el asesinato de Mónica. La realidad es que las políticas del gobierno de Maduro –impunidad, incitación a la violencia, confrontaciones sociales, ausencia de diálogo con la oposición, abuso constante del poder y concentración de la autoridad- han tenido como consecuencia un aumento de la violencia. Mónica y los miles de asesinatos en Venezuela son responsabilidad de Maduro y de nadie más.

Maduro, hay que decirlo, es mucho más listo de lo que le reconocen sus opositores. A pesar de todo –de la terrible economía, la delincuencia, las acusaciones de fraude, las luchas de palacio, el fantasma de Chávez y un discurso pobre, infantil y errático- sigue en el poder y ha demostrado que sí hay chavismo sin Chávez.

A dedazo Maduro se adjudicó poderes especiales. La Asamblea, controlada por cantantes del coro chavista, se hizo a un lado. Maduro quería todo el poder en Venezuela y ahora lo tiene. Entonces, no puede decir que no es responsable de una fallida política de seguridad que ha generado tantos muertos.

Las muertes de Mónica Spear y su ex esposo no son la excepción. No lo vemos por televisión (por la censura y autocensura de la prensa en Venezuela) pero cada día, en promedio, asesinan a 67 venezolanos. El asesinato de Mónica terminó con la gran mentira oficial de que en Venezuela no pasaba nada grave. Maduro y su tropa de aprendices de magos quedaron al descubieron. Sí, son más de 24 mil y esos son los muertos de Maduro.


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¿Por qué están tan enojados los españoles?

Jorge RamosPero de entrada, digamos lo obvio: la crisis se ve y se siente en España. Cinco años en el hoyo no se pueden ocultar.

Hacía tiempo que no regresaba a España y el recibimiento en esta ocasión no fue festivo. Muchos de los restaurantes a los que fui eran atendidos por muy pocos y cansados camareros. La misma persona que nos recibió en la puerta en un restaurante de Barcelona, tomaba reservaciones, sirvió el vino, apuntó la orden y atendió todas las mesas del piso al mismo tiempo. Misión imposible e interminable.

Aún los hoteles de cuatro o cinco estrellas tienen empleados malhumorados haciendo más cosas de las que quisieran. El mismo joven que subió las maletas a mi cuarto en Madrid, estaba encargado de la seguridad del hotel y servía el desayuno a partir de las siete de la mañana. Desde luego, se pisaba las ojeras.

Por qué están tan enojados los españoles?

Hasta en la luminosa y fiestera isla de Ibiza se vive la crisis. Un nuevo hotel de moda (que cobra cifras absolutamente desproporcionadas por cuartos mínimos y minimalistas el pasado verano) pecaba por un servicio mediocre y una actitud arrogante, todo con una máscara cool y al ritmo de música tecno.

Al regresar mi auto rentado –un descapotable cuyo techo nunca se pudo retractar porque estaba atorado- la mujer de la agencia empezó a gritarme y a acusarme de crímenes contra la humanidad. Amenazó con una cuenta de miles de euros por una descompostura de la cual ellos eran responsables. Como en las caricaturas, esa mujer llevaba una nube sobre su cabeza.

Ese malestar que uno detecta como visitante, estoy seguro, se vive también en el centro mismo de la sociedad española. Imposible esconder que no quieres otro día/mes/año igual. El 2014 debe ser mejor.

¿Por qué tanto enojo? Son varias cosas: una larga crisis económica, políticos sin liderazgo que han abusado del sistema, un futuro poco promisorio y hasta una familia real que no aterriza en la realidad.

Uno de cada cuatro españoles no tiene empleo. Y uno de cada dos jóvenes menores de 25 años forma parte del paro. Eso cabrea a cualquiera.

Cómo no estar enojados si los políticos de Valencia autorizaron en la época de las vacas gordas la construcción de la “Ciudad de las Artes y las Ciencias” y ahora, en la época de las vacas flacas, aún deben más de 900 millones de dólares. Los críticos, y son muchos, acusan al famoso arquitecto español Santiago Calatrava de haber construido un museo sin elevadores ni salidas de emergencia, entre muchos otros fallos, según reportó el diario The New York Times.

Cómo no estar enojados si la industria del cine está quebrada y la nación tiene una deuda de un billón de euros (que equivale a más de 27 mil euros por cada uno de los 47 millones de españoles).

Cómo no estar enojados si uno de los principales miembros del equipo España –Cataluña- quiere independizarse y crear su propio equipo. Millones de catalanes están convencidos que solos les irá mejor que con el resto de España. No hay nada peor que estar con quien no quieres estar. Ya veremos si en la casa España caben todos, como dijo el rey en su discurso de navidad.

Cómo no estar enojados si se sospecha que el yerno del rey, Iñaki Urdangarin, malversó millones de euros de fondos públicos para su beneficio personal a través del Instituto Noos. Inevitable preguntarse si, de verdad, la monarquía española nunca supo nada al respecto. Cómo no estar enojados si un escándalo de corrupción embarra a la cúpula del Partido Popular, con acusaciones de sobresueldos, gastos superfluos y nula transparencia. Y, a pesar de todo, siguen como si nada en el poder.

Tengo un particular cariño por España. Ahí creció mi hija y ahí he pasado innumerables veranos y navidades. Alguna vez pensé, como muchos, que España era el mejor país para vivir: por su gente, geografía, comida y por entender, como pocos, las cosas importantes de la vida. Por eso he notado un significativo cambio de actitud; de marcado optimismo y energía a un inocultable cansancio por tanto golpe.

Durante mi reciente visita cometí el error de twitear que me parecía que había muchos españoles que estaban muy enojados. A los pocos segundos recibí respuesta de uno de ellos invitándome, muy amablemente, a que me largara del país. No me atreví a contestar.


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El presidente más pobre y la marihuana

Jorge RamosEs la primera vez en que me he tenido que quitar la corbata para entrevistar a un presidente. Lo que pasa es que José Mujica -a quien muchos llaman en Uruguay “el presidente Pepe”- es de una especie política distinta. La corbata, me dijo, “ya no cumple la función por la cual surgió” (y que era cerrar camisas sin botones). “Cuando supe la historia de la corbata”, añadió, “me pareció un rasgo de coquetería masculina”. Y la desechó. Su reciente discurso en Naciones Unidas lo dio sin corbata y yo hablé con él horas después.

Mujica es, sin duda, uno de los presidentes más pobres del mundo. Regala el 90 por ciento de su salario a obras de caridad y se queda, nada más, con unos mil dólares por mes. No sé de ningún otro mandatario que se quede con tan poco. “Soy sobrio en la manera de vivir, aunque no lo pretendo imponer a nadie”, me dijo en una entrevista durante su reciente viaje a Nueva York. “La vida es para andar liviano de equipaje, poco comprometido con las cosas materiales y para asegurarse el mayor margen posible de libertad individual.” Como ven, es también un presidente filosófico.

No vive en el palacio presidencial sino en su casa de siempre; tres habitaciones, cocina y un solo baño, nada más. El y su esposa no tienen servicio. “Yo me puedo levantar de noche para ir al baño en calzoncillos.”

Algunos le llaman el Nelson Mandela de Sudamérica porque, al igual que el recién fallecido líder sudafricano, Mújica se rebeló agresivamente contra una dictadura (militar) y pasó muchos años en la cárcel, 15 para ser exactos. Fue guerrillero Tupamaro, recibió seis balazos y en un momento en su vida creyó que el mundo podía cambiarse con violencia. Ya no. Se opuso al reciente plan norteamericano de bombardear Siria.

“Les dije que lo bueno era bombardear con leche en polvo, con comida, con atención médica.”

Mujica es un demócrata que, a pesar de todo, se resiste a criticar la dictadura de los hermanos Castro. “Yo defiendo a todos los pueblos latinoamericanos.” ¿No es hora que se vayan Fidel y Raúl del poder en Cuba? “Se van a ir, no se preocupe que se van a ir.”

Uruguay es una de las naciones más liberales del planeta. El aborto es legal, al igual que el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y en los últimos días Uruguay se ha dado a conocer por ser el primer país del mundo en legalizar la producción, distribución, venta y consumo de mariguana. Para el presidente Mújica esto es un “experimento”.

Mújica es el único presidente en el mundo en hacer lo que otros hacen cuando dejan el poder. América Latina está llena de ex presidentes que ahora apoyan la legalización de las drogas pero que, cuando estaban en el poder, nunca se atrevieron a hacer nada.

La legalización de la mariguana, sin embargo, no tiene el apoyo popular en Uruguay. Seis de cada 10 uruguayos, según varias encuestas, se oponen a esa medida. “Tienen miedo”, explica Mujica, “pero nosotros tenemos mucho más miedo a la existencia del narcotráfico. Es mucho peor el narcotráfico que la droga. La droga la puedo controlar.”

Mujica dice que nunca ha probado mariguana. “Soy antiguo; he fumado tabaco.” ¿La probaría? “Sí, no tendría ninguna clase de prejuicio. Pero yo no creo que la mariguana sea buena. Es más, estoy convencido que es una plaga, como el tabaco y el alcohol.” Su lógica es esta: si se regula el alcohol y los cigarros ¿por qué no la mariguana? El temor es que Uruguay se convierta, como Amsterdam, en un destino mundial de narcoturismo. Pero a él no le preocupa; los turistas no podrán comprar mariguana en Uruguay, me dijo.

Su camisa blanca estaba arrugada y su traje claro llevaba las manchas de un largo e intenso día de trabajo. Los 20 minutos que me habían asignado para la entrevista habían terminado pero el presidente Pepe quería seguir hablando. Otro presidente lo esperaba. El no tenía prisa.

¿Cuál es el secreto de estar tan bien a los 78 años de edad? “Debe ser genético”, me dijo riendo y luego se tocó el corazón. “Yo me siento bastante joven de acá. En mi cuerpito voy sintiendo los años, el reumatismo, todo eso. Pero me siento con fuerza.” Le dije, como despedida, que me daba la impresión que seguía pensando como un joven, que aún tenía ese optimismo tan adolescente de creer que las cosas se pueden cambiar. “Soy un luchador”, coincidió, “un enfermo de sueños.”


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Los muertos de Peña Nieto

Jorge RamosLos mexicanos siguen muriendo, la guerra contra las drogas se está perdiendo, los narcos y grupos de autodefensa actúan con impunidad, y no hay un rumbo claro para reducir la narcoviolencia.

Ya, a estas alturas, deberíamos saber exactamente cuál es el plan y la estrategia de Peña Nieto para evitar tantos asesinatos vinculados al narcotráfico. Pero lo único que está claro es que la política del gobierno en la lucha contra las drogas se ha basado en el silencio: creen que al no hablar del tema en público el asunto va a disminuir en importancia.

Es la actitud del avestruz; escondo la cabeza y no veo nada.

La política de comunicación de la presidencia es la siguiente: no hablamos del narcotráfico y sus muertes. Los medios, por lo tanto, reportan menos al respecto. Y eso le da un espacio al gobierno para maniobrar y ganar tiempo. Pero esta estrategia tiene un problema: los muertos siguen ahí, tan reales como en una novela de Juan Rulfo.

Un año después, la luna de miel con Peña Nieto debía haber terminado. Deberían exigirse resultados concretos. Pero periodistas y políticos, por distintas razones, le siguen haciendo caravana y hacen como que no ven. Hay días de fosas comunes, otros de matanzas y, casi todos, con ausencia clara del estado. Policías y soldados, sencillamente, no han podido contra los narcos.

Aquí están las cifras del fracaso. En los primeros 11 meses del gobierno de Peña Nieto (Diciembre 2012 a Octubre 2013) hubo 17,068 asesinatos, es decir, un promedio de 1,551 homicidios dolosos por mes. Eso en ninguna parte del mundo es un éxito.

Son más los muertos en esos primeros 11 meses de Peña Nieto que todos los del 2009 (que fueron 16,118 asesinatos). En este tema, el Peña Nieto del 2013 es como el Calderón del 2009. No hay ninguna obvia diferencia.

Para que no haya dudas de la veracidad de las cifras, pueden checar los datos en el Sistema Nacional de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación. (Aquí está la liga http://bit.ly/gy5Dtz ) Esto incluye solo las denuncias presentadas al Ministerio Público. Hay muchas más muertes que no se reportan.

El gobierno de Peña Nieto dice que las cosas están mejorando. Son juegos de cifras y palabras. Lo que pasa es que comparan los 17,068 asesinatos que tuvieron en los primeros 11 meses de gobierno de Peña Nieto con los 20,010 asesinatos que tuvo Calderón en sus últimos 11 meses. Sí, en esa comparación hay una mejoría del 15 por ciento. Pero, en realidad, no hay un ningún cambio de estrategia que sugiera que se le está ganando la batalla a los narcos. Y siguen siendo demasiados muertos.

“México es un ejemplo claro de que el esfuerzo militar contra las drogas no funciona”, me dijo en una entrevista Pedro Abramovay, ex secretario de Justicia de Brasil, miembro de la fundación Open Society, asesor de varios presidentes y una de las voces que más saben de la lucha contra las drogas en el mundo. “El discurso con Peña Nieto cambió pero no está clara cuál es la alternativa a ese modelo (de Calderón).”

Lo mismo critica Human Rights Watch. Peña Nieto “ha señalado que la prioridad es reducir la violencia”, escribió su director José Miguel Vivanco, pero “hasta ahora no ha definido un plan concreto sobre cómo lograr ese objetivo.”

Es justo darles a todos los presidentes un tiempo para definir sus estrategias, para aprobar planes y para ejecutar sus ideas. Pero después de un año hay que exigir resultados. Cincuenta y un asesinatos por día, en promedio, es lo mejor que ha podido hacer Peña Nieto. Es un record terrible.

Peña Nieto llegó al poder con un serio déficit de legitimidad. Millones de mexicanos creen que ganó con trampas y fraude las elecciones del 2012. Por lo tanto, la única manera de reivindicarse con esos mexicanos es gobernando bien.

Las reformas fiscal, educativa y energética son fundamentales para gobernar bien. México es un país de enormes distancias entre ricos y pobres. Eso hay que enfrentarlo. Pero mientras sigan matando a tantos mexicanos será imposible mejorar la imagen de Peña Nieto, por más que le peinen el copete en las fotografías.


Sálvese Quien Pueda

Miss Universo al rescate

Jorge Ramos“GANAMOS”, repetía. El grito era tan potente que lo escuchaba a través del celular de otra persona, no el mío. Era una venezolana que celebraba el triunfo de su compatriota, Gabriela Isler, en el concurso Miss Universo. Los gritos no paraban.

En Twitter la celebración de los venezolanos parecía una fiesta. Como si se tratara de su misma hermana. Me pareció una exageración, un festejo desproporcionado. Pero era, en realidad, la primera buena noticia para los venezolanos en mucho tiempo.

Mientras Miss Venezuela era coronada como la mujer más bella del mundo en Moscú, lugar del certamen, en Caracas era liberado el corresponsal extranjero del diario Miami Herald, Jim Wyss. Pasó dos días detenido por el gobierno del presidente Nicolás Maduro solo por reportar sobre el contrabando, los saqueos y el desabastecimiento en todo el país. Exacto, creen que arrestando periodistas se acaban las malas noticias.

Un día antes el presidente Maduro acusó a una tienda de aparatos electrodomésticos de vender a sobreprecio y ordenó su “ocupación”, cambió los precios y miles se lanzaron a buscar las supuestas ofertas. ¿El resultado? Tumultos, saqueos y otra empresa venezolana más que se va al borde del la quiebra.

Venezuela produce muy poco. Casi todo lo importa con el dinero que ganan del petróleo. El control oficial del dólar ha creado una nueva clase de millonarios chavistas y una enorme red de corrupción dentro del gobierno. Mientras tanto, la industria nacional y los pequeños negocios mueren lentamente y los venezolanos, como los cubanos, se pasan el día de tienda en tienda buscando mercancías y productos que ya no encuentran.

Venezuela está en un callejón sin salida: le urge un cambio pero no hay ninguno a la vista. Todo mundo se burla de Maduro y de su lengua que parece tener vida propia pero, aún con todas sus incapacidades, ocupa el poder. Ahora Maduro pretende gobernar sólo con una ley habilitante que le da poderes de tirano. Y la oposición, dividida y debilitada, no ofrece muchas opciones más que esperar.

El problema de Venezuela es muy sencillo. El tiempo de salir a la calle para recuperar el poder ya pasó. Ese momento era el miércoles 17 de abril, tres días después de las elecciones presidenciales de este año que, de manera fraudulenta, se robó Nicolás Maduro. (50.61 por ciento le dieron los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral que él controla.)

Henrique Capriles, el candidato opositor, en una polémica decisión, canceló una marcha de protesta para ese 17 de abril debido a que, según me dijo en entrevista, tenía información que el gobierno iba a ocasionar varias muertes. Esa decisión cambió la historia y dividió a la oposición.

“Al retractarse aquel miércoles 17 (Capriles) nos dio una terrible señal” se le oyó a la diputada opositora María Corina Machado en una grabación. Leopoldo López, ex alcalde de Chacao y duro opositor del chavismo, me dijo en una entrevista que él tampoco estuvo de acuerdo con la decisión de Capriles.

Imposible saber si el gobierno planeaba actuar con violencia ese día. Imposible saber, también, si el chavismo sin el difunto presidente Hugo Chávez hubiera aguantado un protesta de esa magnitud contra el fraude en las elecciones presidenciales. Todo son especulaciones. El caso es que la oposición decidió no jugar y perdió ese momento.

Ahora no les queda más remedio que esperar dos años (para ver si pueden sacar a Maduro en un referéndum revocatorio) o cinco años a que termine su mandato. Un golpe de estado es impensable y estúpido. Eso no lo hacen los demócratas. Y es poco probable el escenario de una rebelión popular o un ajuste de cuentas dentro del chavismo-madurismo.

Mientras, Maduro sigue de presidente. Un día se le ocurre crear un ministerio para la felicidad, otro se cae de una bicicleta, uno más inventa palabras y al siguiente quiere reinventar Twitter. Es un chiste y los países no se gobiernan con chistes. En otras palabras, Maduro no es Chávez. Y la Venezuela del desabasto, de la peor inflación del continente, del crimen rampante y de la corrupción desenfrenada no tiene ninguna posibilidad de mejorar así.

Ciertamente hay muchas cosas que no funcionan en Venezuela. Pero lo que sí funciona es su industria de crear reinas de belleza. Siete de ellas han ganado el Miss Universo. (Solo Estados Unidos tiene una más.)

Así que, por ahora, Venezuela hace bien en celebrar a su Miss Universo. A ver cuánto dura la fiesta. El problema es que ella sola no puede rescatar a todo un país. Para eso se necesitan muchas más faldas y pantalones.


Cada semana estamos rifando iPads, Laptops, TVs cada semana y la rifa de un Nissan Versa Note en Agosto del 2015